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Tercera Edición

Año 3 Segundo Semestre 2012

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Un Estilo Ajustado a la Exigencia: Estilo Literario en Lucas 1-3

Introducción

A través de la historia de la interpretación de Lucas, se han propuesto varias explicaciones (la mayoría poco convincentes) para el abrupto cambio de estilo que existe entre Lucas 1:1-4 y Lucas 1:5-2:52, (donde el autor abandona el estilo formal del prólogo, para después recuperarlo en 3:1).  En este artículo propongo que ese cambio es intencional de parte de Lucas y ligado en forma directa a la exigencia retórica y al propósito de Lucas al escribir tanto el Evangelio según Lucas como también el libro de Hechos.  La investigación procederá a examinar el papel del estilo literario en la retórica y la literatura del mundo grecorromano y aplicará la información encontrada al problema del cambio de estilo mencionado.

La retórica en el mundo antiguo::Durante los cuatro siglos previos a  la composición del Evangelio según Lucas, la práctica de la retórica dominaba la comunicación oral y escrita.  Con la conquista del mundo mediterráneo por Alejandro Magno y la consecuente extensión de la cultura helenista por toda esa región, el griego koiné se convirtió en el idioma común de todo el mundo. Consciente o inconscientemente, los principios de la retórica clásica reinaban.  El centro del sistema de educación era la retórica y toda persona que gozaba de educación formal había recibido entrenamiento en ella.

Todos los autores del Nuevo Testamento demuestran algún nivel de habilidad en el arte de la composición literaria según los cánones de la retórica clásica, pero Lucas sobresale entre ellos.  El nivel de su pericia se hace evidente en comentarios como los siguientes: “El prólogo de Lucas es la oración mejor escrita en el Nuevo Testamento” (Norden, 1958, pág. 483); y “El Evangelio de Lucas parece una biografía clásica y el libro de Hechos parece una historia clásica” (Kennedy, 1984, pág. 108). Robert Morganthaler escribió un libro, Lukas und Quintilian: Rhetorik Als Erzählkunst [Lucas y Quintiliano[1]: La retórica como arte literario] en el cual  concluyó que a través de Lucas y Hechos hay un sinnúmero de correspondencias entre las enseñanzas de Quintiliano y la práctica de Lucas.[2]


[1]   Quintiliano fue un profesor reconocido de la retórica clásica en Roma en el primer siglo de nuestra era quien escribió un manual de retórica en doce volúmenes titulado Institutio oratoria [Elementos de la oratoria]. Esta obra, escrita en Latín, está disponible con una traducción al español en el enlace http://www.elotrolado.net/hilo_instituciones-oratorias-de-marco-fabio-quintiliano_1057228 .

[2]   Para una presentación más completa del uso de retórica clásica en Lucas y Hechos consulte Robert Simons, “The Magnificat: Cento, Psalm, or Imitatio” en Tyndale Bulletin, mayo, 2009.

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El problema del cambio de estilo en Lucas::“El estilo literario se refiere a la manera distintiva de expresión lingüística que caracteriza la comunicación en textos literarios” (Aune, 2003, págs. 451-2).  Lucas 1:1-4 es una sola oración hipotáctica[3] en el griego.  Esta oración es de un estilo elevado y complejo, tiene palabras compuestas poco usuales y de son grandioso y elegante.  “El prólogo literario de Lucas responde a las típicas introducciones de escritores sofisticados, quienes usaban prosa elegante al estilo clásico para iniciar sus monumentales obras.  Su prólogo es en realidad sólo una oración en griego, lo que evidencia la habilidad literaria de este insigne escritor” (Cevallos & Zorzoli, 2007, pág. 53).

En cambio, Lucas 1:5-2:52 emplea oraciones paratácticas, relativamente sencillas con palabras y frases que suenan como de origen hebreo y que traen a la mente la versión griega (LXX) de las historias del Antiguo Testamento.  “En ellos hace gala de su dominio de varios estilos literarios, ajustándose al estilo de la LXX, evidenciando aquí sus ritmos hebraicos” (Cevallos & Zorzoli, 2007, pág. 58).  Lucas 3:1, el siguiente versículo después de 2:52 es otra oración hipotáctica compuesta en el estilo formal de la historiografía griega clásica.

Estos dos cambios abruptos de estilo han llamado la atención de comentaristas durante siglos.  Marshall ofrece una lista de seis explicaciones diferentes que han propuesto los eruditos  para estos cambios pero concluye que la explicación de este cambio de estilo “todavía está envuelto en la oscuridad” (Marshall, 1978, págs. 45-49).  Liefeld comenta “En cuanto a las expresiones lingüísticas y sintácticas en el Evangelio según Lucas, encontramos una combinación misteriosa del griego literario y estilos semíticos, los cuales incluyen características del hebreo, el arameo y también expresiones de la Septuaginta” (Liefeld & Pao, 2007, pág. 28).  Nolland trató de diferenciar  entre unas frases de origen veterotestamentario y otras compuestas por Lucas pero admitió que el nivel de confiabilidad de sus decisiones  era variable (Nolland, 1989, págs. 23-135).  La mayoría de las explicaciones ofrecidas proponen que Lucas usó fuentes hebreas de las historias en 1:5-2:52 y conectó las historias con su propia prosa, pero la falta de consenso entre eruditos y la gran diversidad de conclusiones dadas indica que no han dado en el blanco.  El resto de este artículo examinará la posibilidad de que sea la retórica clásica la que ofrece una explicación plausible de este fenómeno.


[3]  La hipotaxis es un estilo literario caracterizado por la subordinación gramatical, donde una sola oración presenta dos o más ideas completas con sujeto y predicado donde una idea es la principal y los demás son ideas gramaticalmente subordinadas a ella. El estilo más sencillo se llama parataxis, y está caracterizado por coordinación gramatical donde dos o más ideas están unidas con una palabra conectiva como por ejemplo «y».

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Una reseña breve de la retórica clásica::El estudio de la retórica comenzó por lo menos cuatro siglos antes de Cristo en Grecia.  Aristóteles (384-322 a.C.) escribió un tomo completo sobre el tema titulado ΤΕΧΝΗΣ ΡΗΤΟΡΙΚΗΣ [El arte de la retórica].  Existen también cientos de otras obras tanto en griego como en latín, escritas durante un período de más de 800 años; algunas son manuales, otros son material de estudio.  Hay libros de crítica literaria que examinan obras literarias desde la perspectiva de la retórica, y también existen muchos ejemplos de discursos y literatura que emplean los principios de la retórica.  El estudio de la retórica clásica se dividía en cinco categorías tituladas tradicionalmente con palabras latinas: inventio que significa descubrir la mejor estrategia de argumentación; dispositio que significa disponer las partes del argumento en el orden más persuasivo; elocutio que significa el estilo lingüístico del discurso o documento que mejor corresponda a su contenido y propósito; memoria que trata de técnicas de memorización para poder dar un discurso sin manuscrito o notas; y pronuntiatio que significa la manera de hablar e incluye temas como gestos, tono y volumen de voz y la postura del locutor.  Para el estudio de un documento, sólo los primeros tres temas tienen importancia.

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Aplicación de la retórica a Lucas y Hechos::Para una persona (como Lucas, por ejemplo) que quisiera componer una historia de algo que consideraba importante, el primer paso, inventito, involucraba pensar acerca de qué contenido iba a lograr la exigencia que le impulsó a escribir.  El segundo paso, dispositio, involucraba pensar acerca de la mejor manera de organizar el contenido para lograr su propósito.  El último paso, elocutio, involucraba escribir en el estilo apropiado para cada sección del texto.  Para nosotros que tenemos el texto (en este caso Lucas y Hechos), es necesario discernir de la obra completa cómo pensaba Lucas, el autor. Es decir, para nuestro propósito, estamos trabajando en reversa.  Por ejemplo, la pregunta de este artículo es ¿por qué decidió Lucas cambiar de estilo entre 1:4 y 1:5 y otra vez entre 2:52 y 3:1?  Para responder a esta pregunta tenemos que deducir del texto de Lucas y Hechos cuál fue la exigencia y el propósito del autor, y por qué el cambio de estilo mencionado sirvió para adelantar ese propósito.  Esta cadena de razonamiento tiene un elemento de subjetividad. Está basada en la hipótesis de que Lucas tiene un propósito y que el cambio de estilo fue intencional, como parte de su estrategia para lograr ese propósito.  También es necesario admitir que nunca es posible tener plena seguridad de que hemos podido discernir en forma correcta los pensamientos del autor.  Sin embargo, hay controles sobre la subjetividad, porque podemos probar nuestras conclusiones comparándolas con varios aspectos del texto para ver si son coherentes y consistentes.

Afortunadamente, Lucas nos dejó una pista acerca de su exigencia y propósito en el prólogo: “Por lo tanto, yo también, excelentísimo Teófilo, habiendo investigado todo esto con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente, para que llegues a tener plena seguridad de lo que te enseñaron” (Lucas 1:3-4, NVI).  De este texto podemos saber que Teófilo había recibido enseñanza o instrucción acerca de la fe cristiana.  De muchos otros documentos (como por ejemplo el Didajé) de los primeros siglos de la iglesia, sabemos en qué consistía esa instrucción.  El mismo nombre, Teófilo, nos indica que es probable que  Lucas se dirigía a un gentil porque el nombre es griego y significa “amigo de Dios” o “el que ama a Dios”, por lo que algunos han pensado que Teófilo no era una persona sino que el evangelio fue dirigido simbólicamente a todos los que amaban a Dios.  Sin embargo, existe una digresión sobre nombres en el historiador griego Plutarco (46-120 d.C.) que vale la pena mirar:

De esto es perfectamente claro que Gayo fue el nombre propio; que el segundo nombre, en este caso Marcos, fue el nombre de familia o tribu; y que el tercer nombre fue adoptado después y dado por alguna hazaña, fortuna, distinción corporal o virtud en el hombre (Plutarco, 1968, págs. Coriolanus, XI.2)

En seguida Plutarco da ejemplos de diferentes personas con este tipo de sobrenombre: “Eugertes” (patrón), “Filadelfo” (el que ama a su hermano), etc.  Por eso es probable que Teófilo fuera en verdad una persona y no una manera simbólica para referirse a todos los que aman a Dios.  No obstante, hay buenas razones para creer que “Teófilo” era un sobrenombre que expresaba algo cierto en cuanto al carácter del hombre.

Ese simbolismo se combina con la tendencia de Lucas a través del evangelio y Hechos a enfocarse en gentiles que simpatizaban con la religión judía.[4]  Estos gentiles asistían a las reuniones en las sinagogas de los judíos, conocían la versión griega del Antiguo Testamento (LXX) porque la escuchaban cada sábado, y adoptaban muchas de las costumbres del pueblo judío.  De hecho, es posible que Lucas mismo fuera un simpatizante de la religión judía que había escuchado el Evangelio por primera vez cuando Pablo predicó en una sinagoga en Troas antes de entrar en Macedonia (Simons, 2003, págs. 161-2).  Sabemos, por el libro de Hechos, que la estrategia de Pablo era predicar en las sinagogas en todas las ciudades donde las había y que las personas que respondían con más frecuencia al mensaje del Evangelio eran estos gentiles simpatizantes del judaísmo.

Lucas dice que le escribe a Teófilo para que él llegue a tener “plena seguridad” de lo que le habían enseñado acerca de la fe cristiana.  Supongamos por un momento que Teófilo era un simpatizante del judaísmo que se había convertido al cristianismo. ¿Qué tipo de comentarios harían sus amigos judíos para sembrar duda en su mente y tratar de persuadirle de volver a la sinagoga?  Lo más probable es que dirían cosas como, “¡No vas a creer en ese impostor, Jesús!,  pues, él fue un criminal ejecutado en una cruz romana, y además durante su vida andaba con gente de mala clase como prostitutas y cobradores de impuestos.  Nació de una madre soltera en una familia bien pobre, vivió en Nazaret, un pueblo de mala fama, y lo único que hizo fue causar disturbios con sus enseñanzas.  Ninguno de los líderes de nuestro pueblo le siguió, y hasta sus discípulos le abandonaron cuando fue crucificado.  Y ese cuento de la resurrección fue una fabricación de ellos, pues sabemos que robaron el cuerpo para poder decir que resucitó.  No seas ingenuo, nadie que tiene uso de razón puede creer esa fábula”.

Al leer el Evangelio según Lucas y el libro de Hechos, es obvio que Lucas está tratando de explicar la razón de precisamente estas cosas que los judíos rechazan.  El relato del nacimiento de Jesús que hace Lucas explica cómo fue que Jesús nació de una virgen en Belén, en cumplimiento de varias profecías.  La descripción de su ministerio explica por qué frecuentaba a gente pecadora.  El relato de su muerte demuestra su total inocencia, respaldada por su resurrección, presenciada por múltiples testigos en diversas ocasiones. Las predicaciones en Hechos explican su exaltación y la necesidad de su muerte como expiación por el pecado.  Es interesante que el discurso de Esteban en Hechos 7 es el más largo tanto en Lucas como en Hechos—más largo que cualquier discurso registrado de Jesús, Pedro o Pablo.[5]  El tema de este discurso es explicar que cuando los líderes rechazaron a Jesús, estaban siguiendo los pasos del liderazgo del pueblo judío desde siglos atrás cuando rechazaron a otras personas que Dios les había enviado como José y Moisés.

Podemos decir  entonces que es probable que la exigencia que impulsó a Lucas a escribir el Evangelio y Hechos fue la necesidad de ayudarles a los gentiles simpatizantes del judaísmo y también convertidos al cristianismo a entender que las mismas razones que sus amigos judíos daban para convencerlos de abandonar la fe en Jesús eran, en realidad, las mejores razones para seguirla.  Su propósito en escribir era ayudarles a tener “plena seguridad” acerca de lo que les habían enseñado en las nuevas iglesias cristianas.


[4] Estas personas incluyen el centurión en Lucas 7, el eunuco en Hechos 8 y Cornelio en Hechos 10.

[5] El hecho de que este discurso es el más largo de todos los que se presentan, muestra su gran importancia para el  desarrollo de Lucas-Hechos (Simons R. , 2003, págs. 74-9).

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El papel de Lucas 1:5 – 2:52 en la obra completa de Lucas y Hechos::La función más obvia de Lucas 1:5-2:52 (la narración del nacimiento y la niñez de Jesús) es la de introducir el personaje principal del Evangelio—Jesús.  Sin embargo, un estudio cuidadoso de la narración revela otra función importante.

En primer lugar, existe un contraste sostenido entre Juan y Jesús.[6]  Lucas presenta los eventos intercalados para que el lector pueda percibir la importancia de Juan y cómo Jesús sobrepasa esa importancia por completo.  En los respectivos anuncios de sus nacimientos, el ángel proclamó que Juan sería “grande delante de Dios… y lleno del Espíritu Santo” (Lucas 1:15), pero Jesús “será llamado Hijo del Altísimo” y concebido por el Espíritu Santo (Lucas 1:32, 35).  Dios hizo el milagro de abrir la matriz de una mujer estéril para que Juan naciera (al igual que lo hizo con Sara, Ana y la madre de Sansón), pero para que naciera Jesús, Dios hizo un milagro único en toda la creación, al concebir un bebé en la matriz de una virgen.  Juan rinde alabanza a Jesús cuando ambos están todavía en gestación (Lucas 1:44).  Al nacer Juan, Zacarías proclamó que sería llamado “profeta del Altísimo” (Lucas 1:76), pero al nacer Jesús, un ángel proclamó el nacimiento de “un Salvador que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).  Los vecinos de Zacarías se preguntaban acerca de Juan “¿Quién, pues, será este niño?”, pero Simeón y Ana, al ver al bebé Jesús en el templo profetizaron que la salvación y la redención vendrían por medio de él (Lucas 2:30, 38).  Lucas resume la niñez y juventud de Juan con la frase, “el niño crecía, y se fortalecía en espíritu” (Lucas 1:80), pero de Jesús dice, “el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él” (Lucas 2:40).  Posteriormente, Lucas relata una historia de Jesús con doce años donde Él responde a la pregunta de María, “¿por qué nos has hecho así?  He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia”, diciendo “¿no sabía que es necesario que yo esté en lo de mi PADRE?” (Lucas 2:49, traducción mía).  En fin, hay suficientes argumentos para deducir que un papel importante de Lucas 1:5-2:52—quizás el más importante de todos—es revelarle al lector que sin duda Jesús es Dios.

Lo anterior está en completo contraste con Lucas 3:1 en adelante, donde sólo Satanás, los demonios y la gente más humilde conocen la verdadera identidad de Jesús.  Los habitantes de Nazaret, donde Jesús creció, tratan de echarlo de la cumbre de una montaña (Lucas 4:29).  Los fariseos lo acusan de blasfemia (Lucas 5:21) y murmuran porque anda con publicanos y pecadores y no practica el ayuno y las otras costumbres ascéticas de ellos (Lucas 5:30, 32; 6:2).  Aun los discípulos  son incapaces de entender la necesidad de su sufrimiento y muerte a pesar de los años de andar con Él, viendo sus milagros y escuchando sus enseñanzas incomparables.  Aun después de la crucifixión y resurrección, ellos no creen ni entienden estas cosas, hasta que se da el derramamiento del Espíritu Santo sobre la iglesia en Hechos 2, cuando Pedro (que había negado a Jesús tres veces) ahora se llena de valor para testificar de Él frente a los mismos que le habían condenado a muerte (Hechos 5:29).

Sin duda, Lucas 1:5-2:52 tiene la función de preparar al lector para poder entender el rechazo a Jesús y la confusión de la mayoría acerca de quién es Él.  En estos primeros dos capítulos del Evangelio según Lucas, el Espíritu Santo revela a Jesús al lector a través de ángeles, personas y eventos en una forma memorable y contundente.  De esa manera, el lector puede leer el resto de la historia habiendo entendido desde el comienzo que el rechazo y la muerte de Jesús fueron parte del plan divino a través del cual Dios iba a redimir el mundo del pecado.  Este mensaje, que parece contrario a toda expectativa humana, se expresa a la perfección en las palabras de María en Lucas 1:51-53, “Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.  Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.  A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos”.  El lector llega al final de Hechos y se llena de admiración al leer: “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”.  A pesar de la oposición del diablo, de los líderes influyentes del pueblo judío, y del imperio más poderoso en la historia del mundo hasta ese momento, por el poder y el plan de Dios, Pablo, un humilde preso desconocido, puede predicar sin impedimento el mensaje bueno de salvación que nos llegó por medio de un hijo de carpintero, sin educación formal, sin dinero, sin poder, maltratado y malentendido.


[6] “Lucas ordenó cuidadosamente estos relatos, especialmente los dos nacimientos, en forma paralela, con el propósito de trascender la figura de Jesús por sobre la de Juan el Bautista y/o la de cualquier otro personaje” (Cevallos & Zorzoli, 2007, pág. 59).

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La razón del cambio de estilo de Lucas 1:4 a Lucas 1:5::Ahora, después de considerar brevemente la retórica clásica y la función de Lucas 1:5-2:52 en la obra completa de Lucas y Hechos, podemos examinar la pregunta de esta investigación: ¿por qué el cambio abrupto de estilo entre Lucas 1:4 y 1:5 y el otro cambio entre Lucas 2:52 y 3:1?

Los manuales de la retórica clásica son unánimes en sugerir que el estilo de composición debe compaginar con el contenido y propósito.  Quintiliano escribió cuatro volúmenes enteros sobre el tópico de elocutio  (el estilo en el cual el comunicador debe expresar su argumentación).  Los temas tratados en estos volúmenes son (1) el estilo debe ser gramaticalmente correcto, (2) debe ser claro y fácil de entender, (3) debe adornar el contenido con lenguaje bello y agradable, y (4) debe ser apropiado y adaptarse al contenido. Este último tema fue el que Quintiliano trató con más detalle y el que él consideró el más importante.  Dice, “las palabras más aceptables son aquellas  que expresan mejor nuestros pensamientos y producen el efecto que deseamos en las mentes de los que nos escuchan” (Quintiliano, 2001, pág. VIII.pro.32).  Una cartilla para la enseñanza de la retórica que fue escrita en el primer siglo dice, “se debe emplear un estilo que es apropiado al que habla y ajustado al tema, el lugar y el momento” (Theon, 1962, pág. 5.176),  y también dice, “el estilo debe compaginar con el contenido, es decir, la manera de expresión debe ajustarse a lo que está exponiendo” (Theon, 1962, págs. 7.1-2).  Por su parte, en su obra dedicada a cómo escribir historia, Luciano dice:

Ellos [los historiadores] tienen que considerar no solo qué decir sino también cómo decirlo.  En breve, debemos ser como uno de los escultores—ellos por cierto nunca crean el oro, plata o marfil; no, su material está delante de ellos,…su arte es manejar el material apropiadamente.  La tarea del historiador es semejante: dar un arreglo a los eventos e iluminarlos tan vívidamente como sea posible de tal manera que el que escucha el relato piensa que en realidad está viendo lo que se describe (Luciano, 1959, págs. 50-51).

Cicerón, el gran orador romano, explica que “no hay un estilo oratorio perfecto, que valga por sí sólo en todo momento, a veces será elevado, otras tenue y otras medio; el estilo perfecto es el que se ajusta a lo apropiado, a lo conveniente en todo momento, circunstancia y persona” (Cicerón, 1939).  En resumen, toda la enseñanza y práctica de la retórica clásica anima a ajustar el estilo al contenido y propósito de cada sección de una comunicación.

Es obvio que Lucas quiso presentar los aspectos positivos de la historia de Jesús antes de la narración principal donde aparecen otros aspectos difíciles de entender.  Una estrategia que Lucas usó para presentar la historia de Jesús en forma positiva, fue la de fundamentarla en la historia de redención del pueblo de Dios del Antiguo Testamento.[7]  Lucas presenta el nacimiento de Jesús como el cumplimiento de las promesas y profecías del Antiguo Testamento y la culminación lógica de todos los eventos narrados allí que tienen que ver con el propósito final de Dios para su pueblo.

Lucas procura demostrar el origen judío del cristianismo.  Establece bien tanto el carácter espiritual, histórico y legal de los protagonistas fundamentales de su relato.  Afirma, además, algunas de las prácticas rituales y aspectos históricos importantes del judaísmo.  Por ejemplo: la actividad sacerdotal judía, el matrimonio judío, anuncios proféticos celestiales y terrenales, doxologías judías, ritos de purificación, presentación y circuncisión de niños, la Pascua judía, ministerios proféticos, entre otros.  Y la mayoría de estos eventos, alrededor del templo mismo que Lucas presenta como una especie de topónimo para entender el contexto histórico, cultural y espiritual del pueblo judío. (Cevallos & Zorzoli, 2007, págs. 58-9)

El cambio abrupto de estilo entre el prólogo (Lucas 1:1-4) y el anuncio de la concepción de Juan forma una parte principal de esa estrategia que hubiera sido supremamente impactante para un grupo de personas familiarizadas con la Septuaginta.  Pongámonos por un momento en el lugar de un grupo de gentiles, simpatizantes con la religión judía y también convertidos al cristianismo, que está escuchando por primera vez la lectura de Lucas.  Primero escuchan una oración elegante y sonora compuesta en un estilo de griego elevado, pero a partir de 1:5 escuchan una narración empapada del culto judío, de sacerdote, templo, incienso y oraciones y relatada con un lenguaje antiguo con frases enteras sacadas de la Septuaginta.  La analogía para nosotros sería la de un pastor que comienza su mensaje en un estilo intelectual y formal y de repente empieza a narrar una historia compuesta por un conjunto de pasajes veterotestamentarios en el lenguaje de la Reina-Valera—versión antigua—repleta de  expresiones como «díjoles Jesús, vosotros sois la sal de la tierra».  El efecto del cambio de estilo sería involucrarnos en el ambiente bíblico en forma emocional, asegurando nuestra atención completa y aumentando nuestro entendimiento.  Ese primer auditorio que escuchó la lectura de Lucas fue transportado al mundo de las Escrituras, en medio de una historia conocida y apreciada que tuvo su comienzo siglos antes.  El contenido veterotestamentario de Lucas 1:5-2:52, combinado con el estilo semítico característico de la LXX,  debió producir un impacto único en aquellos oyentes.

De igual manera, el cambio de estilo entre el último versículo de la narración de la concepción, nacimiento y niñez de Jesús (2:52), y el primer versículo del resto de la obra tiene una explicación semejante.  Entre Lucas 2 y Lucas 3 el ambiente espiritual cambia en forma drástica.  Lucas ajusta el estilo con un cambio igualmente drástico: en Lucas 1-2, ángeles y personas reconocen que Jesús es Hijo del Altísimo, Hijo de Dios, Cristo, Salvador y Señor, pero tal conocimiento desaparece cuando el reloj se adelanta unos 20 años entre 2:52 y 3:1.  Ahora, en Lucas 1-2 el estilo se vuelve semítico, ajustado al contenido veterotestamentario al que hace referencia.  De ahí en adelante, comenzando con Lucas 3:1-2 encontramos el “estilo normal en el cual él escribió la mayoría del evangelio y Hechos” (Rothschild, 2003, pág. 132).  Lucas prepara a sus lectores para el cambio de ambiente con un cambio correspondiente de estilo.


[7] “Se establece una conexión tipológica y persistente entre la narración de la infancia de Juan y Jesús y los hechos divinos salvíficos del pasado…” (Nolland, 1989, pág. 25), “Los eventos narrados [por Lucas] están vinculados a la historia de los hechos salvíficos divinos del pasado…el comienzo propio de la narración está allá en el pasado, en el propósito redentor de Dios que las Escrituras registran” (Green, 1997, pág. 52).

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Conclusión::El autor del Evangelio según Lucas y Hechos redactó sus narraciones históricas de acuerdo con las normas de la literatura del primer siglo, es decir, usando los principios de la retórica clásica.  Es probable que la exigencia que le motivó a escribir fuera la de querer ayudarles a los gentiles que habían sido simpatizantes de la religión judía y después se habían convertido al cristianismo, a tener plena certeza respecto a las cosas que habían aprendido en su discipulado cristiano.  Lucas 1:5-2:52 tiene la función de presentar la historia de la concepción, el  nacimiento y la niñez de Jesús de tal forma que el lector quedara convencido de que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.  El estilo semítico de esa narración, en contraste al estilo helenístico del resto de Lucas y Hechos, fue parte de la estrategia que Lucas usó para aumentar  el impacto de la narración sobre el lector.  El uso de tal estrategia  está de acuerdo con las normas de la retórica clásica, que animaba a usar un estilo ajustado al contenido y al propósito de la comunicación.

Al comienzo de su  evangelio, Lucas transportó al lector al ambiente judío donde se gestó la historia de redención que Dios comenzó siglos antes cuando llamó a Abraham a dejar su tierra y parentela.  A través de una narración impactante, presentada en un estilo ajustado al contenido y ambiente, intentó convencer al lector de que Jesús es, en verdad, el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.  Al final del comienzo, Lucas devuelve el lector al mundo que le hizo dejar momentos antes, donde la gente es ignorante de o aun hostil a la verdad acerca de Jesús.  Ese cambio de ambiente corresponde al nuevo estilo mundano del resto de su evangelio.
Mientras que las personas que aparecen en la narración del nacimiento entendieron el significado de Jesús—inspiradas por el Espíritu Santo—y  alabaron a Dios en un estilo semítico, las personas “normales” del resto de la narración hablaban griego koiné (común), creen que Juan el Bautista es el Mesías e intentan lanzar a Jesús por un precipicio.  El lector es un participante privilegiado con aquellos santos piadosos de la narración del nacimiento, que reconocen el significado de Jesús y ahora pueden evaluar los eventos contradictorios de la vida adulta del Señor Jesucristo, su muerte y su resurrección a la luz de la verdad.  Lucas usó, hábil y deliberadamente, estilos diferentes y ajustados al contenido para preparar a sus lectores con el fin de que evaluaran en forma correcta los sucesos presentados en su narración.

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Bibliografía::Aune, D. E. (2003). “Style, or stylistics”. The Westminster Dictionary of New Testament and Early Christian Literature and Rhetoric, 451-2. Louisville, Kentucky, USA: John Knox Press.
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Robert Simons

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