Posted in Decimosegunda Edición

Decimosegunda Edición

Año 9 Primer Semestre 2018

Inicio / Decimosegunda Edición / Lucha por amor (Una reflexión pastoral sobre la vida de Jacob y Lea registrada en Génesis 29:15-35)

Lucha por amor (Una reflexión pastoral sobre la vida de Jacob y Lea registrada en Génesis 29:15-35)

Esta reflexión parte de la convicción que las personas que tratan de llenar sus vacíos e inseguridades profundos en su vida depositando toda su confianza y esfuerzos en la búsqueda de ese “verdadero amor”, solo encuentran desilusión. Aquellas personas creen que toda su vida gira en torno a la esperanza de tener a esa persona, esa persona perfecta, esa media naranja, ese él o ella que hará su vida perfecta y completa. Respondiendo a ese engaño, observamos una historia de la vida de Jacob, así: En primer lugar, examinamos la pregunta ¿Qué hay detrás de ese “verdadero amor”? En segundo lugar, abordamos la desilusión que generalmente acompaña esa búsqueda de amor verdadero, y, en tercer lugar, se expone el único “algo” que verdaderamente satisface la necesidad del corazón humano de ser aceptado y amado.

Lucha por amor
(Una reflexión pastoral sobre la vida de Jacob y Lea registrada en Génesis 29:15-35)

Ricardo Gómez Pinto, Ph.D.

Padre, profesor, pastor y misionero que tiene una preocupación genuina por el dolor de las personas en situación de desplazamiento de nuestro país y del mundo. Profesor de la FUSBC desde el 2014

Resumen

Esta reflexión parte de la convicción que las personas que tratan de llenar sus vacíos e inseguridades profundos en su vida depositando toda su confianza y esfuerzos en la búsqueda de ese “verdadero amor”, solo encuentran desilusión. Aquellas personas creen que toda su vida gira en torno a la esperanza de tener a esa persona, esa persona perfecta, esa media naranja, ese él o ella que hará su vida perfecta y completa. Respondiendo a ese engaño, observamos una historia de la vida de Jacob, así: En primer lugar, examinamos la pregunta ¿Qué hay detrás de ese “verdadero amor”? En segundo lugar, abordamos la desilusión que generalmente acompaña esa búsqueda de amor verdadero, y, en tercer lugar, se expone el único “algo” que verdaderamente satisface la necesidad del corazón humano de ser aceptado y amado.

Génesis 29:15-35
(Reina Valera actualizada 2015)

15 Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser mi sobrino me has de servir de balde? Declárame cuál será tu salario. 16 Labán tenía dos hijas: El nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. 17 Los ojos de Lea eran tiernos, pero Raquel tenía una bella figura y un hermoso semblante. 18 Y Jacob, que se había enamorado de Raquel, dijo: —Yo trabajaré para ti siete años por Raquel, tu hija menor. 19 Labán respondió: —Mejor es que te la dé a ti que dársela a otro hombre. Quédate conmigo. 20 Así trabajó Jacob por Raquel siete años, los cuales le parecieron como unos pocos días, porque la amaba. 21 Entonces Jacob dijo a Labán: —Entrégame mi mujer para que conviva con ella, porque mi plazo se ha cumplido. 22 Entonces Labán reunió a todos los hombres de aquel lugar e hizo un banquete. 23 Y sucedió que en la noche tomó a su hija Lea y se la trajo, y él se unió a ella. 24 (Labán dio su sierva Zilpa a su hija Lea, como sierva). 25 Y al llegar la mañana, ¡he aquí que era Lea! Entonces él dijo a Labán: —¿Por qué me has hecho esto? ¿No he trabajado para ti por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? 26 Y Labán respondió: —No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor. 27 Cumple la semana de esta, y después se te dará también la otra por el trabajo que harás para mí durante otros siete años.28 Jacob lo hizo así; y después de cumplir esa semana, Labán le dio también a su hija Raquel por mujer. 29 (Labán dio su sierva Bilha a su hija Raquel, como sierva). 30 Jacob se unió también a Raquel, y la amó más que a Lea. Y trabajó para Labán otros siete años. 31 Viendo el SEÑOR que Lea era menospreciada, le concedió hijos. Pero Raquel era estéril.32 Lea concibió y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, pues dijo: “Porque el SEÑOR ha visto mi aflicción, ciertamente ahora me amará mi marido”. 33 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: “Porque el SEÑOR ha oído que yo era menospreciada, me ha dado también este”. Y llamó su nombre Simeón. 34 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: “Ahora esta vez mi marido se sentirá ligado a mí, porque le he dado tres hijos”. Por eso llamó su nombre Leví. 35 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: “Esta vez alabaré al SEÑOR”. Por eso llamó su nombre Judá. Y dejó de dar a luz.

Contexto de la historia

En el capítulo 27 de Génesis Jacob engaña a su padre haciéndose pasar por su hermano mayor; su objetivo era recibir la bendición del primogénito. El primogénito tenía una bendición especial por ser el que abría la matriz de la mujer, pero tal bendición implicaba algo más. Era una fuerza vital, una bendición del mismo Dios sobre la persona receptora, una prenda de fecundidad, una promesa de descendencia y de herencia de la tierra, que afectaba la fecundidad, la riqueza, la fuerza y la garantía de protección de los enemigos.[1] Es entendible porqué Jacob deseara, con todas sus fuerzas, conseguir esa bendición. Sin embargo, aunque consigue la bendición, también logra que su hermano mayor, Esaú, jure por su vida que lo matará y que, en medio de su molestia, esté completamente decidido a hacerlo. Jacob, en medio de la angustia, huye y corre para salvar su vida, pero toda su seguridad se le viene al piso.

Al abuelo de Jacob, Abraham, Dios se le había aparecido y le había dicho: “Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Gn 12:2). Por la narrativa bíblica se sabe que de la descendencia de Abraham vendría el Mesías quien confrontaría el pecado y la muerte. Esto significaba que con cada generación que vendría, un hijo sería el portador de esta semilla, un hijo a quien Dios bendeciría, con quien Dios caminaría y quien pasaría la fe a la siguiente generación. En los capítulos 25 y 26 de Génesis vemos que Jacob es el segundo en esa generación. Jacob es el menor de dos hermanos varones y Esaú es el mayor. Pero Dios, a través de una profecía, había dicho que “el mayor serviría al menor” (Gn 25:23). Jacob era el escogido, pero su padre Isaac había amado más a su hermano Esaú. Por esta razón Jacob creció siendo segundo, rechazado, no aceptado, en cierta forma resentido.

Adicionalmente, en el capítulo 28 Jacob tiene un encuentro con Dios e inicia una relación de pacto con Él. Pero, a pesar de haber visto ángeles, quedar asombrado por estar en la casa de Dios y puerta del cielo (v. 17), e iniciar una relación directa con Dios, nada de esto remedió el vacío profundo de su vida. Aquí se aprende que los vacíos profundos y los problemas íntimos de imagen personal por lo general no son remediados en un primer encuentro con Dios. Jacob viene de una familia disfuncional, donde se favorece a un hijo sobre el otro, donde los intereses personales de los padres y el favoritismo producen crisis y desarraigo.

A lo largo de la historia de Jacob se puede ver que las personas con vacíos profundos en su vida, con inseguridades, buscan llenarlos con ese amor, un “verdadero amor”. Toda su vida gira entorno a la esperanza que viene a través de hallar a esa persona, esa persona perfecta, esa media naranja, ese él o ella quien va a hacer su vida perfecta y completa. Cada persona, en cada circunstancia, debe examinar su corazón y ver su estado; se debe preguntar si hay algo o alguien en el cual está poniendo toda la esperanza. Se debe saber que simplemente esto no va a solucionar el problema de raíz; por el contrario, lo hace más profundo y real. Teniendo en cuenta este principio, se expondrá seguidamente lo que hay detrás, es decir, la raíz del problema que se trata de ocultar en la búsqueda de “amor verdadero”.

¿Qué hay detrás de ese “amor verdadero”?

El texto en estudio inicia con la pregunta que Labán le hace a Jacob: “¿Dime cuánto quieres ganar?” (v.15). Se ve a un Jacob errante, sin familia, sin heredad, sin dinero. Quien corre y llega donde viven los familiares de su mamá. Él sabe que no volverá a ver la única persona que él sabe que lo ama y que lo prefiere por encima de todas las demás personas. Ahora está con su tío Labán y este le ofrece un negocio. Si se pudiera leer los pensamientos de Labán sería algo así: “ya que estás aquí, no debes trabajar en vano, ven negociemos tu contrato”. En la negociación que Jacob hace con su tío se hace manifiesta la profundidad del vacío en su vida, el quebranto de su corazón y cómo está tratando de llenar dichos vacíos en su vida, cómo está trabajando la tristeza y llenando lo vacío de su ser.

¿Cuál fue la oferta de Jacob? “Me ofrezco a trabajar para ti siete años, a cambio de Raquel, tu hija menor” (v. 16). Es decir, Jacob dice: “hay algo que deseo más que el dinero, deseo intensamente a tu hija”.

Esta respuesta plantea inmediatamente dos asuntos importantes. Primero, en el versículo 17 se observa que “Raquel tenía una bella figura y un hermoso semblante”. En otras palabras, físicamente Raquel era atractiva, tenía un cuerpo envidiable, medidas perfectas y además, tenía una hermosa cara; era realmente llamativa. Segundo, vemos que Jacob está profundamente enamorado de ella, como se dice coloquialmente, está “tragado” de ella, pero ¿Cómo sabemos que está profundamente enamorado?

Por medio de la arqueología y la historia se puede conocer que aproximadamente 30 a 40 siclos era el precio normal que se debía pagar a la familia por una doncella para unirse a ella. Según la costumbre, la mitad de un siclo era el pago promedio por mes de trabajo. Entonces, ¿cuál es la oferta de Jacob? Él no está negociando. Él está ofreciendo una extraordinaria suma de dinero por Raquel. Está tan “tragado” que no pudo pensar claramente; es tanto el amor “que los siete años pasaron como nada” (v. 20).

A renglón seguido, en el versículo 21, se ve aún más lo perdidamente enamorado que está Jacob de Raquel: “Entonces Jacob dijo a Labán: —Entrégame mi mujer para que conviva con ella, porque mi plazo se ha cumplido”. En otras palabras, lo que Jacob le dice a su suegro es: “He cumplido el tiempo, dame mi mujer para acostarme con ella”. Robert Alter, un erudito judío, experto en narrativa hebrea, menciona que este versículo ha sido un problema para los traductores por cientos de años.[2] El sentido original de la expresión hebrea es muy difícil de comprender en español, debido a que esta expresión está fuera del carácter de las costumbres de la época siendo muy descriptiva. La expresión que utiliza Jacob es muy cruda. Lo que dice originalmente es algo así: “mi tiempo se ha cumplido dame mi mujer que quiero tener sexo con ella”. Alter dice que lo que el narrador quiere enfatizar es algo simple: “Aquí vemos a un hombre que está emocional y sexualmente desesperado por ser aceptado”;[3] Raquel es su obsesión, tanto emocional como físicamente. Él haría cualquier cosa por ella, hasta pagar un precio tan exagerado.

La actitud de Jacob también nos deja ver su condición emocional. Si se conociera la mente de Jacob sería algo así: “todo me ha salido mal en la vida, mi padre nunca me ha amado, aquí estoy lejos de casa, sin un peso; oh, pero tengo a Raquel, ella es mi esperanza, es la mujer más hermosa de todo el territorio. Si la tengo a ella, si ella es mi mujer, finalmente algo me saldrá bien en la vida”.

Hoy día, la sociedad moderna, está poniendo las mismas expectativas que Jacob tenía al encontrar a Raquel; invita a encontrar la felicidad, algo o alguien que finalmente dé sentido y valor a la existencia; se busca darle sentido a la vida; se necesita saber que la vida tiene valor y una razón especial para luchar. Usualmente se está buscando a aquel, a aquella que le dé sentido a lo que no se ha podido llenar tras años y a través de muchas malas experiencias. Hay un hoyo profundo en cada ser y se cree que si se encuentra un amor verdadero, eso llenará y será suficiente. Ernest Becker da una explicación a esta búsqueda frustrada de la felicidad:

El fracaso del amor romántico como solución a los problemas humanos constituye una gran parte de la frustración del hombre moderno… No hay relación humana alguna que pueda llevar la carga de la divinidad… Por mucho que la idealicemos y que la convirtamos en nuestro ídolo, [nuestra pareja] refleja de forma inevitable el deterioro y la imperfección terrenales…. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que queremos cuando elevamos nuestra pareja amorosa a esta posición? Nos queremos liberar de nuestros defectos, de nuestros sentimientos de no ser nadie. Queremos ser justificados; saber que no hemos existido en vano. Queremos redención; ni más ni menos que eso. No nos hace falta decir que una compañía humana no nos puede dar nada de esto.[4]

¿Cómo puede el ser humano liberarse de ese sentimiento de vacío profundo? ¿Hay algo o alguien que realmente lo llene? Para Jacob sí, era por medio del amor, el amor verdadero, es decir, Raquel. Solo Raquel podría darle sentido y llenar el vacío que tenía en su vida. Esto es lo que hay detrás de la búsqueda de amor verdadero. Ese sentido de vacío profundo y descontento que no se logra llenar teniendo lo que tanto se anhela.

Ya se ha visto qué es lo que hay detrás de ese vacío profundo. Ahora, se expondrá el resultado que se obtiene cuando el ser humano consigue lo que cree que le llenará y le dará la plena felicidad, pero que solo generará mucha más desilusión.

La desilusión

Para poder ver la desilusión que trae la búsqueda de amor verdadero, se debe analizar la trampa del tío Labán, la respuesta y el drama de Jacob y, finalmente, el drama que vive Lea en secreto.

Primero se observa la trampa del tío Labán. Es necesario resaltar que el nombre Jacob significa “engañador”, “estafador”, pero curiosamente el tío Labán no se quedaba atrás, definitivamente Jacob encontró su tocayo en la misma familia. Un estafador igual a él, alguien que analiza y piensa antes de actuar. Si se especula un poco, es válido afirmar que cuando Jacob dice: “yo trabajaré siete años por Raquel”, la mente de Labán empieza a trabajar y a maquinar un plan singular. Él piensa: “Aquí está un hombre que es vulnerable, aquí está un hombre que está dispuesto a hacer cualquier cosa”.

A continuación se observará con mayor detenimiento los versos 18 y 19: “Yo trabajaré para ti siete años por Raquel, tu hija menor” es lo que propone Jacob. ¿Qué responde Labán? Se observa que Labán nunca dice: “está bien, sí. Estoy de acuerdo con tu propuesta”. Labán textualmente dice: “Mejor es que te la dé a ti que dársela a otro hombre. Quédate conmigo”.

Se nota que Labán no responde afirmativamente. Labán nunca dice: “Sí”, como Jacob desea escucharlo. Sin embargo, interpreta que su tío le responde con un rotundo sí, sí te voy a dar a mi hija Raquel, la que tanto deseas. Jacob trabaja siete años y como estaba tan enamorado, el tiempo pasó muy rápido y llegó el día de la boda.

Estudiando un poco la cultura judía se encuentra que la celebración de una boda implicaba mucha fiesta, mucha comida, y mucha bebida. Según la costumbre, la novia estaba ataviada y cubierta de pies a cabeza, su rostro cubierto y después de muchas horas de trago y celebración, los novios iban a la tienda del esposo. Sin luz eléctrica, ellos dos, Jacob y Raquel, el anhelo más profundo del corazón de Jacob se había hecho realidad. Pero en la mañana siguiente Jacob descubre que es Lea la que está a su lado, la hermana mayor de Raquel. Jacob corre a donde está Labán y le dice: ¿Qué ha hecho? Usted me engañó. Lo curioso y confrontante es la respuesta del tío Labán: “—No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor” (v. 26).

Esta es una razón lógica, pero sigue siendo un engaño por parte de Labán. Pero… ¿Por qué Jacob no siguió discutiendo y expresando su descontento ante tal engaño? Por qué él no le dijo: “Usted sabía por quién estaba trabajando, por Raquel, no por Lea. Se la devolveré, no la quiero conmigo”. Tal reacción no se observa en el texto bíblico; obviamente Jacob estaba molesto, pero frente a la respuesta de Labán, Jacob simplemente no responde. ¿Por qué no lo hace? Por la respuesta de Labán que, en otras palabras, le dice: “Aquí en estas tierras no es costumbre favorecer o privilegiar al menor antes que al mayor”. Inmediatamente la consciencia de Jacob se paralizó y recordó algo.

La palabra “engañar” que Jacob usa para hacer el reclamo a su tío fue la misma palabra que su padre Isaac usó cuando Jacob lo engañó suplantando a su hermano Esaú. Jacob reconoce que Labán le está haciendo lo mismo que él le había hecho a su padre. De la misma manera que Jacob trató de tocar en la oscuridad a alguien que pensaba que era y no lo era; así mismo, Isaac, su padre, en la oscuridad de su ceguera estiró su mano para tocar a alguien que él pensaba que era pero que no lo era. Es más, Jacob pudo haberle reclamado a Lea por ser cómplice en este engaño, podría haber dicho: “¿Por qué en la noche cuando yo llamé a Raquel tú respondiste?” Ella, probablemente le podría haber respondido, “¿por qué cuando tu padre llamó a Esaú en la oscuridad, tú le respondiste? Ahora Jacob sabe en carne propia, lo que significa ser engañado, explotado, lo que significa ser mentido. Y no tiene nada más que decir, por eso opta por el silencio.

Ahora tiene a Lea y tenemos su drama. La realidad es que Jacob está casado con Lea, pero ¿Qué sabemos sobre Lea? El verso 17 del capítulo 29 dice: “Los ojos de Lea eran tiernos”. Obviamente lo que el narrador de la historia está diciendo es que Raquel era completamente hermosa, pero Lea no tenía la misma suerte, ella era “buena gente”. Lea creció a la sombra de su hermana Raquel. Allí se puede comprender un poco la razón por la que Labán planeó lo que planeó. La única forma en que alguien se pudiese llevar o unir con su hija Lea era engañándolo para que lo hiciera. De otra forma la tendría toda su vida con él. Lea es el “patito feo” que nadie quiere, mientras Raquel es la modelo, la reina que todos deseaban. Lea es quien ha sido rechazada. Aquella en quien nadie se fijaba, la que ha sido dejada a un lado por años. Evidentemente, la media naranja de Jacob no era Raquel, era la ignorada Lea.

Adicional a esto, en los siguientes versículos (31 al 34) se observa lo que Lea hace queriendo ganar el afecto y la aceptación de su esposo. Es evidente que la realidad de Lea es muy parecida a la realidad de Jacob. Por muchos años Lea había tratado de llenar el vacío de su corazón al igual que su esposo Jacob. Lea pensó que dándole hijos a Jacob, él la amaría tal y como lo hacía con su hermana Raquel. Por esto, cada vez que Lea tenía un hijo escogía un nombre en hebreo que expresaba su deseo de aceptación por parte de su esposo Jacob.

  • Primer hijo: (v.32) lo llamó Rubén, pues dijo: “Porque el SEÑOR ha visto mi aflicción, ciertamente ahora me amará mi marido”.
  • Segundo hijo: (v. 33) lo llamó Simeón, pues dijo: “Porque el SEÑOR ha oído que yo era menospreciada, me ha dado también este”.
  • Tercer hijo: (v. 34) lo llamó Leví, pues dijo: “Ahora esta vez mi marido se sentirá ligado a mí, porque le he dado tres hijos”.

 

Sin palabras se puede oír el dolor y la desilusión de esta mujer. Es evidente que Lea está tratando de llenar el vacío de su corazón de la misma manera como Jacob trataba de llenar sus propios vacíos. El rechazo de ser la segunda y crecer bajo la sombra de su hermana trajo consigo el anhelo en Lea de llenar el vacío de su corazón obteniendo, a como diera lugar, el amor de un hombre, si solo este hombre la aceptase, ella sería plena. Si pudiese alcanzar el “amor verdadero” encontraría la paz y el gozo para su vida. Solo entonces, encontraría sentido para vivir. Y, finalmente, Lea podría ser importante para alguien, sería visible, sería superior a su hermana. Pero para esto ella tenía que alcanzar el amor de su vida. La realidad es que Lea vive en un infierno. Era mejor si no estuviera casada porque la persona en la cual ella coloca todas sus esperanzas de redención estaba en los brazos de la mujer con quien ella había crecido y quien se había convertido en su mayor rival.

Es vital observar que la narrativa bíblica presenta historias de personas reales, deshechas, con quebrantamientos profundos, y en quienes, en medio de su dolor y quebranto, Dios obra; personas que no buscan la gracia de Dios, rebeldes, desobedientes, pero que en medio de su desenfreno Dios actúa. Como lo afirma un dicho popular “Dios escribe derecho en renglones torcidos”. La vida de Jacob demuestra que esta es la realidad bíblica y es también un escáner del estado de la sociedad actual.

Hay dos lecciones trascendentes que se pueden aprender en este punto de la historia. La primera, que cuando Jacob se despierta en la mañana se da cuenta que es Lea la que está con él. Jacob va a la cama pensando que finalmente tenía a Raquel, que finalmente tenía a la persona que llenaría sus vacíos profundos, pero cuando despierta se da cuenta que la realidad es que Lea está a su lado.

Es necesario ver qué representa Lea y qué implicaciones trae su presencia en medio de esta historia. Lea representa, cada vez que se inicia una relación, cada vez que se inicia un nuevo plan, un nuevo trabajo, un nuevo proyecto y se cree que con esto finalmente la vida va a ser perfecta, definitivamente se alcanzará la felicidad y se estará completo para siempre. Pero es urgente reconocer que en la mañana, Lea estará siempre allí, aunque en la noche se crea que es la grata compañía de Raquel.

Está claro que se puede acostar con Raquel, pero inevitablemente Lea estará en el amanecer. Siempre va a ser así, como lo da a entender C. S. Lewis: más personas, si aprenden a analizar sus corazones, se darán cuenta que este mundo no puede darles la satisfacción que llene su ser. Hay muchas cosas que el mundo promete darte, pero sabemos al final del día que no lo cumplirá: Un viaje, un título, una relación, no podrán darle lo que ellos prometen.[5] Siempre, siempre, se terminará con vacíos y deseos de más. Definitivamente, en la mañana Lea estará allí.

Siempre que se ponga la esperanza en algo o alguien para llenar los vacíos profundos del ser humano; se va a despertar triste y desilusionado. Hasta que se entienda qué es lo que verdaderamente se necesita, absolutamente nada ni nadie en este mundo podrá llenar los vacíos del corazón del ser humano porque Lea siempre estará allí en la mañana. Entonces, ¿Cuál es la esperanza? ¿Cuál es la solución? La respuesta se encuentra en la última sección donde se observa lo que pasa con Lea y lo que sucede a través de ella. Mejor dicho, lo que Dios hace dentro de ella y a través de ella.

¿Qué llena verdaderamente el deseo por “amor verdadero”?

Es evidente que para Lea en el desarrollo de la historia, su esposo es su salvador, es el receptor de toda su atención. Pero al final en el versículo 35, se ve que Lea clama al Dios poderoso y Él le responde. Es allí donde finalmente ella encuentra algo que estaba buscando por mucho tiempo. Su cuarto hijo llega y ella lo llama “gracia” o mejor dicho Judá, que significa gracia; “concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: ‘Esta vez alabaré al SEÑOR’. Por eso llamó su nombre Judá. Y dejó de dar a luz” (v. 35).

Es muy interesante que el nombre de su esposo no aparece, ni siquiera se menciona como sí se hace con los hijos anteriores. Ella decide que esta vez será diferente, “esta vez alabaré al Señor”. Ella tomó los deseos más profundos de su corazón, los quitó de su esposo y los colocó en el Señor. Jacob y su padre Labán le habían robado su corazón y su vida por años, pero en el momento que ella cambia sus prioridades y coloca a Dios allí, su vida cambia por siempre.

Al igual que Lea, un tiempo más adelante, también la vida de Jacob cambió radicalmente cuando se encontró cara a cara con Dios y recibió la bendición y la aceptación que tanto había buscado durante su vida (Gn 32:22-32). Fue solo cuando su nombre fue cambiado que llegó a ser otro hombre y cambió todo en su vida. En el encuentro que tiene con Dios en la intercesión, Dios le dijo: “―Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (v.28). Su nombre “Jacob” es transformado por “Israel” que significa “el que lucha con Dios”, “el intercesor”. Jacob reconoció que estaba delante de alguien superior a él y suplica su bendición. Timothy Keller afirma que Jacob llegó a decir algo así:

¡Qué tonto he sido! Esto es lo que he estado esperando toda la vida. ¡La bendición de Dios! La busqué en la aprobación de mi padre. La busqué en la belleza de Raquel. Pero estaba en ti. Ahora no te dejaré marchar hasta que no me bendigas. Eso es lo único importante. Me da lo mismo morir en el proceso, porque, si no tengo la bendición de Dios, no tengo nada. Nada puede sustituirla.[6]

A través de toda su vida Jacob había luchado para obtener la bendición de Abraham. Era con este propósito que había “comprado” la primogenitura a Esaú. Con esta misma intención había también engañado a su padre Isaac. Todo eso para recibir la bendición que le correspondía a su hermano Esaú.

Cuando Jacob recibe el nombre nuevo, sabe que Dios le ha concedido su petición, puesto que recibe la bendición (v. 29). Se esperaría que ahora Jacob hubiese podido celebrar su victoria con gran altivez, pues había luchado con Dios y con los hombres y había vencido. Pero no es así, no vemos ningún Jacob triunfante. Jacob ha cambiado, el encuentro con el ángel había causado un impacto en él, pero no el esperado por cualquier ser humano. Jacob en vez de celebrar una victoria, se encuentra totalmente asombrado, anonadado, aplastado ante tal maravilla: “vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma” (Gn 32:30) y todavía estoy vivo.

Al principio de la oración, Jacob estaba pidiendo “líbrame de la mano de mi hermano” (v. 11). Ahora está agradecido por haber estado en la presencia de Dios y no haber sido consumido ante tal grandeza y majestad, porque todavía estaba con vida. Y había obtenido algo mucho más importante que la vida misma, una experiencia con Dios, una nueva relación con la persona que llenaba plenamente su vida.

Como resultado de este encuentro con Dios, Jacob queda cojeando permanentemente “de su cadera” (v. 31). Es decir, Dios lleva a que Jacob reconozca que, después de un encuentro con él, no puede seguir caminando en su propia fuerza. Dios toca su fuerza, su vigor, su autosuficiencia. De esto se puede concluir varias cosas:

  • De un hombre fuerte, Dios lo cambia a un hombre débil.
  • De un hombre hábil y capaz, Dios lo cambia en un incapacitado.
  • Ningún ejército de Antiguo Medio Oriente aceptaría ya a Jacob; ya no servía para la guerra. Dios lo ha tocado en su fuerza varonil.
  • Tal vez han observado que los censos en la Biblia siempre son de los que “salen a la guerra” – ya Jacob no ha de figurar en tales censos.
  • Ha pasado a ser un don nadie.

 

Si se conoce la historia de Jacob, se sabe que el cambio fue profundo. Ha dejado de ser un hombre auto-suficiente, capaz, independiente para convertirse en un hombre humilde, que busca a Dios y quiere hacer su voluntad.

Seguido a esto (Génesis 33), Jacob se encuentra con su hermano Esaú, quien quería matarlo por haberle robado la bendición de su padre (Gn 27:41). Jacob se sintió aliviado cuando vio que su hermano lo había perdonado y venía en son de paz (Gn 33:11); finalmente vemos a un Jacob con doble bendición. Pero más allá de esto, es notorio que el encuentro con Dios había cambiado plenamente su caminar y todo su ser. Ya no estaba buscando algo, ya lo había encontrado, ya no necesita huir y seguir luchando, su búsqueda definitivamente había terminado ante el encuentro con Dios. A diferencia de Jacob y Lea, la historia bíblica no tiene la intención de mostrarnos lo que pasó más adelante con la vida y las circunstancias de Raquel.

Conclusión aplicativa

¿Qué cosas hay en lo profundo de su corazón que usted necesita quitar? ¿Qué deseos en lo profundo de su corazón necesita dejar y llevarlos a Dios? ¿Es una relación, es un hijo, es un sueño, es un trabajo, es un título? ¿Qué es? Para poder recuperar su vida otra vez, para poder tener libertad.

Finalmente, es necesario preguntar ¿Qué pasa cuando Judá nace? ¿Qué está haciendo Dios por Lea? ¿Quién es Judá? Hay una promesa al final del libro de Génesis que dice que a través de la descendencia de Judá vendrá el verdadero rey “El cetro no se apartará de Judá, ni de entre sus pies el bastón de mando, hasta que llegue el verdadero rey” (Gn 49:10)¿Qué significa esto? Dios mira y busca en la mujer que nadie quiere, la mujer que todos desprecian. Él busca la mujer a quien nadie ama y la que es despreciada, y dice: “usted va a ser parte de la descendencia de Jesús”. El versículo 31 del capítulo en estudio, dice que cuando Dios vio que nadie amaba a Lea, él la amó. Así como lo fue para Lea, Dios es el único que puede ser el verdadero esposo, el verdadero amor que puede satisfacernos y el único que no nos defraudará.

¿Por qué llega ella a ser del linaje de Jesús? No porque a Dios le gusten los ‘perdedores’. No, sino porque precisamente ella representa la forma como Dios va a salvar al mundo. Es el Dios que viene, no como un Dios poderoso, sino como un Dios humilde y frágil, mostrándonos cómo es vivir en medio de nuestras debilidades. Él vino a cumplir por nosotros todos los requisitos que necesitábamos cumplir. Jesús viene y nos muestra cómo debemos vivir la vida en mansedumbre y auto negación, hasta morir en la cruz por nosotros (Fil 2:6-11). La salvación viene a través del linaje de Lea y su hijo; a través de la descendencia de esta mujer frágil y no hermosa. El evangelio salva a personas no porque sean fuertes, sino porque reconocen lo frágil y pecadoras que son.

Si has sido rechazada por un hombre o una mujer que te prometió amor y no lo cumplió; si te has sentido un ciudadano de segunda clase; si te has sentido siempre rechazado y nunca aceptado; si estás luchando con el deseo de ser aceptado por otros y siempre te has sentido que no lo eres, Cristo entiende esta realidad; Él, quien fue rechazado, entiende tu situación y aun así decide insistentemente amarte. Al igual que Jacob necesitamos un encuentro con Dios que marque definitivamente nuestro caminar y nos haga reconocer que a veces es necesario una experiencia de debilidad aplastante para descubrir la verdadera bendición, puesto que muchas de las personas que a nuestros ojos son más fuertes, son las que cojean mientras bailan de puro gozo.[7]

Si deseas casarte, buena cosa deseas. Pero no pongas todas tus esperanzas en esto. Debes saber esto: Si te sientes fea, o feo, no solo físicamente, sino también en tu interior, estas son las buenas noticias: Aquel que era hermoso y fuerte, se hizo feo y débil para identificarse con nuestra “pinta” y circunstancias (Is 53:4-12; He 2: 14-18, 4:14-16) para que cuando creamos en Él, aunque seamos como Lea, Dios siempre nos ame como a una Raquel.

Bibliografía

Alter, Robert. Genesis:Translation and Commentary. New York: N. W. Norton & Company Ltd., 1996.

Becker, Ernest. The Denial of Death. Nueva York: Free Press, 1973.

Keller, Timothy. Dioses que fallan. Barcelona: Andamio, 2015.

Lewis, C. S. Mere Christianity: New York: Harper Collins, 2001.

Quesnel, Michel et al., eds. La Biblia y su cultura: Antiguo Testamento. Santander: Sal Terrae, 2004.


[1] Michel Quesnel et al., eds. La Biblia y su cultura: Antiguo Testamento (Santander: Sal Terrae, 2004), 110.

[2] Robert Alter, Genesis: Translation and Commentary (New York: Norton & ompany Ltd., 1996), 151.

[3] Robert Alter, Genesis: Translation and Commentary, 157.

[4] Ernest Becker, The Denial of Death (Nueva York: Free Press, 1973), 166-167.

[5] Ver C. S. Lewis, Mere Christianity (New York: Harper Collins, 2001), 137.

[6] Timothy Keller, Dioses que fallan (Barcelona: Andamio, 2015), 167.físicamente la 96), 151.ado.ith as a plan B. This reflects the eternal character orld.three years. Thank you

[7] Timothy Keller, Dioses que fallan, 169.

[la_block id="653"]

Escribe lo que deseas buscar...

Shopping Cart