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Año 9 Primer Semestre 2018

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El lamento en el mundo bíblico y en otras culturas alrededor del mundo

El lamento en el mundo bíblico y en otras culturas alrededor del mundo

Érika Parra y Yaily Gambín

Érika Parra es teóloga de la FUSBC (2017) y Yaily Gambín es licenciada en inglés de la Universidad de Córdoba (2013) y aspira a graduarse de teóloga de la FUSBC este año.

Resumen

El libro de Lamentaciones expresa en forma poética el dolor profundo de una nación en ruinas. Aunque la causa de su condición actual es su propio pecado, el poeta invita al pueblo a lamentarse ante su Dios que lo escucha. Lamentaciones 2:18-22 y Lamentaciones 5 son porciones del libro que muestran la forma como Israel derrama su corazón ante su Dios en medio de su condición devastada y le suplica que los escuche y que se acuerde de ellos. Además, en la voz representativa del poeta, se detalla la devastación del pueblo a nivel físico, económico, social y religioso, la cual han sufrido a manos de extranjeros. Este no es un lamento al vacío, sino uno que reconoce el reinado eterno de Dios y su poder para restaurar y renovar. El lamento del mundo bíblico es una invitación para el pueblo de Dios de todos los tiempos a venir ante él y abiertamente expresar las diversas situaciones que a diario ocurren a su alrededor. El lamento es en sí una expresión del dolor y el sufrimiento, los cuales son dos realidades de la vida del ser humano. La conclusión lógica a la que se debe llegar entonces es que es legítimo el lamento del ser humano, mucho más cuando este se dirige a Dios y se fundamenta en la realidad de un Dios que está atento y que permanece de generación en generación.

Palabras clave: Lamentaciones, lamento, sufrimiento, dolor.

Introducción

A lo largo de la historia, el lamento ha sido una manifestación natural del dolor humano en todas las culturas alrededor del mundo. Diferentes comunidades se han reunido en torno a esta práctica para recordar tragedias, caos, injusticias y frustración, y para levantar la voz, generalmente desconsolada, frente a estas. Asímismo, el lamento puede considerarse un ejercicio de catarsis frente a las situaciones que las comunidades experimentan y que las afectan directamente. Este artículo pretende mostrar, en primer lugar, el uso litúrgico del lamento en el pueblo de Israel. En segundo lugar, a partir de un acercamiento a Lamentaciones 2:18-22 y Lamentaciones 5, la forma como el lamento se expresaba y las características del mismo. En tercer lugar, se presentan cuatro ejemplos del uso del lamento: por los judíos, por algunas comunidades cristianas en Europa, por los haitianos y por la comunidad chocoana en Colombia. Finalmente, a partir de lo expuesto, se concluirá animando a la iglesia cristiana en Colombia a lamentarse en medio de la liturgia y a servirse de los beneficios de esta forma de expresión.

Uso litúrgico del lamento en el pueblo de Israel

Según Morla, teniendo en cuenta el uso del acróstico en el libro de Lamentaciones, dichos poemas se pudieron haber escrito intencionalmente como liturgias de lamentación y ser usados en algunas ceremonias litúrgicas especiales para rememorar la caída de Jerusalén.[1] El uso del lamento en actos litúrgicos no solamente le permitía al pueblo expresar su dolor, sino que también cumplía una función catártica; en primer lugar, aliviando el dolor y abatimiento causados por la situación vivida; y segundo, generando esperanza.[2] Tales lamentos se deben entender “en su marco litúrgico, como las quejas comunitarias que lloran el destino de Israel”.[3] Agrega Schaefer que “en la poesía de Israel se entiende que un creyente acaba por dirigirse a Dios, a quien le interesa la queja y el sufrimiento de su pueblo”.[4] Así pues, los lamentos son una base muy importante para la liturgia de Israel.

Los lamentos que se compilan en el libro de Lamentaciones parecen haber sido escritos para cumplir ese objetivo. Russell, discerniendo lo que hacía a un escrito una obra litúrgica en la comunidad del Qumrán y, por extensión (como luego él lo explica), en la religión judía de antaño, menciona que una obra litúrgica se reconoce por la presencia de varios elementos específicos.[5] Lamentaciones 2 tiene varias de estas marcas descritas por Russell, por lo que puede ser catalogado, probablemente junto con los demás lamentos, en especial Lamentaciones 5, como una obra litúrgica.

En estos lamentos se cuenta la historia del dolor de un pueblo, pasando del sufrimiento individual al colectivo, lo que crea una nueva identidad comunitaria bajo la narración de un trauma compartido.[6] Esta nueva identidad los une alrededor de una realidad común, el sufrimiento. Dicha identidad se evidencia en el uso litúrgico de Lamentaciones, en donde un pueblo se reúne para conmemorar sus desgracias, proporcionando un espacio discursivo en el que narra la experiencia comunitaria, incorporando en las nuevas generaciones dicha identidad y memoria, marcadas por un trauma sin precedentes.[7]

Invitación a lamentarse (Lamentaciones 2:18-22)

En el texto bajo consideración se puede ver cómo el poeta hace una clara invitación a la ciudad dolida para que clame ante Dios,[8] invitación que en medio de la liturgia puede extenderse al pueblo, para que tenga la oportunidad de expresar sin descanso su profundo dolor (vv. 18-19). El poeta invita al pueblo a llamar la atención del Señor (vv. 20-22).

De acuerdo con Bosworth, la última parte del lamento en cuestión (vv. 20-22) se asemeja a un poema ugarítico antiguo usado para clamar en comunidad por la destrucción de una ciudad, con algunos salmos usados para la peregrinación y con varios poemas antiguos de la literatura sumeria.[9] Ya que otras culturas (y otros géneros literarios) usaban un lamento parecido al que se estudia dentro de sus oraciones comunitarias, es común pensar que este no era ni es la excepción. Teniendo en cuenta que Lamentaciones 2 es un acróstico en su totalidad, es lógico inferir que una manera popular de progresar en la celebración litúrgica y especialmente en la oración es utilizando el acróstico, pues el escritor piensa en facilitar la memorización de quien la recita.[10]

Este panorama nos permite consolidar la idea de que Lamentaciones 2 y, particularmente, Lamentaciones 2:18-22 tiene varios argumentos de peso para presentarse no solo como obra poética, sino como obra litúrgica aleccionada en el culto del pueblo de Israel desde el exilio hasta la construcción del segundo templo. De aquí en adelante se detallará de qué trata el lamento y cómo se arraiga en los actos litúrgicos de Israel.

Mira, Sion, tu estado y laméntate (vv. 18-19). En Lamentaciones 2, el poeta personifica a Jerusalén como “Hija de Sion”,[11] dejando ver claramente, por un lado, sus atributos humanos;[12] y, por otro lado, sus atributos arquitectónicos.[13] Tal como recalca Bosworth, el poeta se refiere a Sion “no solo como las personas que la habitan, sino el lugar de residencia como tal”.[14]

Esta contextualización del lamento sobre la ciudad es de mucha ayuda para la sección de estudio. Gracias a eso, el poeta reconoce que la ira de Dios ha traído un inmenso dolor a la hija de Sion y menciona uno a uno esos hechos lamentables.[15] Siente tanto dolor que no le queda más que lamentarse profundamente.[16] Se duele por aquellos niños que mueren de hambre (vv. 11-12), por los malos actos de los profetas (v. 14) y por la burla de sus enemigos (vv. 15-16). ¡Pobre poeta!, solo le queda admitir que ese castigo ya había sido anunciado y que lo único que ha hecho el Señor es cumplir su palabra (v. 17; Jer 4; Ez 5).

En este punto el poeta cambia su mirada, pasa de describir todos esos horrores y dolores a dirigirse a la arruinada y abatida hija de Sion (v. 18). El poeta escucha el clamor del pueblo hacia el Señor, y seguidamente habla directamente a la ciudad, refiriéndose a ella como “Muralla de la hija de Sion” e inmediatamente le lanza la invitación al llanto; pero no cualquier llanto: un llanto incesante, que debe fluir como un caudal, sin detenerse, sin reposo. Probablemente esta invitación tiene el propósito de buscar insistentemente la atención del Señor. Como dice Morla: “La invitación que hace el poeta a Sion a derramar lágrimas a torrentes tiene aquí mero valor retórico de insistencia”.[17] Se puede ver el llanto en varias dimensiones: por un lado, como ayuda terapéutica para quien está viviendo momentos de gran tensión emocional;[18] también “intenta arrancar de parte de Yahvé un rasgo de misericordia (y finalmente) se inscribe en la dinámica de la retórica de la compasión, dirigida al lector”.[19]

Sin dejar de llorar, la abatida ciudad recibe una nueva orden del poeta, llevándola a ser más activa en su propósito (19): levántate, como si el solo hecho de llorar día y noche no bastase; y grita en la noche al principio de las vigilias. El poeta quiere que la hija de Sion sea escuchada, que no solo se escuche su gemir al llorar, sino también su fuerte voz. La invita a hacerlo al inicio de cada vigilia,[20] dejando de un lado el sueño y haciendo todo lo necesario para conseguir la atención del Señor.[21] Luego le pide que derrame como agua su corazón ante la presencia del Señor y que levante sus manos hacia él, invita a la hija de Sion a que sea totalmente sincera ante el Señor, a que le suplique a aquel que ha infligido tanto dolor sobre ella.[22] Como dice Schaefer: “En este sentido, el lamento profesa la fe del orante, porque solo el que causó el desastre puede nuevamente rescatar al pueblo”.[23] Ese clamor sincero y desgarrador que va creciendo, va dirigido a interceder por la vida de aquellos niños que mueren de hambre en las esquinas de la ciudad.

“Mira, Sion, tu estado y laméntate”. Es precisamente aquí donde el poeta, después de tocar las emociones de sus lectores, los invita a quejarse, él sabe que alguien, además de ellos mismos, los escucha: el Señor. En la historia de Israel, la queja[24] se ha convertido en algo inevitable en la relación del hombre con Dios.[25] El pueblo se queja como comunidad, ora al Señor vez tras vez para que se acuerde de ellos.

    Mira, oh Señor, a Sion y analiza (vv. 20-22). En este momento la queja se hace más evidente, pues es la misma ciudad la que habla, como si estuviera respondiendo al llamado urgente del narrador.[26] Como si elevara un grito, toda Sion clama en la voz del poeta y le dice a Dios que ponga sus ojos sobre ella y analice (v. 20). Está recordando la relación que hay entre ellos y que a pesar de haber sido ella quien lo ignoró, ahora pide su misericordia. A sus elegidos que está tratando así,[27] y cuya queja va más allá, es como si les estuviera diciendo con estas dos preguntas retóricas: analiza contra quién te has ensañado, contra los niños de pecho, contra los sacerdotes, contra los profetas.[28]

El poeta nos muestra una imagen fuerte y desgarradora por causa del castigo: son las madres las que terminan comiéndose a sus hijitos amados. Aunque en dichas circunstancias se tornaba relativamente normal que por falta de agua y alimento se bebiera la orina o se buscaran cadáveres con el fin de sobrevivir, y aunque el canibalismo fuera una maldición dentro del pueblo,[29] no deja de ser un fuerte motivo para quejarse ante el Señor. No bastando con eso, la queja se traslada a dos figuras representativas del pueblo: sacerdotes, piezas sagradas;[30] y profetas, reconocidos hombres de Dios,[31] quienes son asesinados en el mismo santuario. Como dice Mayoral: “Los miembros más sagrados (sacerdotes y profetas) son asesinados precisamente en el lugar sacro: el templo. ¿Puede haber mayor profanación por parte del enemigo?”.[32]

Como si lo anterior fuera poco, la atribulada Sion sigue con su queja (v. 21). Menciona la matanza de sus habitantes, nombrando a diferentes grupos de personas: primero, al muchacho y al anciano. Esta referencia deja ver que no hay discriminación alguna de quien yace en las calles, indicando así la generalidad del hecho.[33] Y luego, a las vírgenes y a los adolescentes, quienes hacen parte del futuro de la sociedad.[34] Pero aquí no termina todo, porque sus fuertes palabras anuncian un culpable y su queja se hace directa: es el mismo Dios que no solamente ha matado en el día de su ira, sino que lo ha hecho sin compadecerse. Esa ira solamente se manifiesta bajo alguna provocación externa,[35] y si bien es un castigo merecido, y aunque probablemente Sion lo sabe, aun así, puede parecerle extremadamente fuerte. Sion, que anteriormente recordó su relación con el Señor, descansa en la convicción de que su misericordia terminará por devolverle lo perdido, pues su conocimiento de Dios siempre está aferrado a la esperanza.[36]

Seguidamente, la Hija de Sion culmina su queja (v. 22). El día de fiesta debía ser un tiempo en el que el pueblo compartía alegremente, celebrando las bondades y fidelidad del Señor,[37] pero eso está lejos de suceder, pues lo que anuncia el mismo Dios, no es una invitación a aquellas fiestas, sino una invitación terrorífica, donde los propios enemigos de la desdichada Sion serán los que festejarán en sus banquetes.[38]

Nuevamente se menciona el día de la ira del Señor, ira que, según Sion, no dejó que nadie escapara ni quedara vivo. Indudablemente no se puede tomar al pie de la letra tal expresión que indica totalidad, pues como dice Morla: “Se trata de fórmulas estereotipadas destinadas a captar la atención del lector; forman parte de la retórica de la compasión, una de las finalidades de Lamentaciones en su conjunto”.[39] La queja concluye con una madre que llora la destrucción, por parte de su enemigo, de aquellos a quienes cuidó y multiplicó. Es un poco ambiguo, pues no especifica si se refiere a Dios como enemigo o a aquellos enemigos instrumentos de Dios para ejecutar su castigo. Morla concluye que se trata de Dios como enemigo de la abatida ciudad, lo que se refuerza con las quejas pronunciadas hacia él en los versículos anteriores.[40] ¡Pobre Sion!, en medio de su dolor y queja busca la misericordia de Dios, de ese Dios que se convirtió en su enemigo como consecuencia de su pecado, aceptando así la invitación del poeta a lamentarse y expresar cada uno de los hechos que generan su inmenso dolor.

Como se pudo ver, Lamentaciones 2:18-22 es una invitación del poeta a lamentarse por la tragedia que está ocurriendo, invitación a la cual el pueblo responde positivamente. Esta parte del lamento busca llamar la atención del Señor, apelando a su misericordia, y tiene como fundamento la relación del pueblo con su Dios y la esperanza de ellos puesta en él, lo cual es más evidente en el lamento comunitario de Lamentaciones 5.

Un lamento comunitario (Lamentaciones 5)

Lamentaciones 5 es una composición poética, específicamente un lamento comunitario. En este pasaje, la apelación al Señor abre y cierra el lamento y el uso de la primera persona del plural es muy repetitivo (nuestro oprobio, nuestra heredad, nuestras casas, nuestras madres, nuestra agua, nuestra leña, nuestro cuello, entre otros.). En la misma línea de Lamentaciones 2:18-22, el poeta expresa de forma colectiva el lamento del pueblo de Dios frente al caos nacional en Lamentaciones 5. En este lamento la comunidad apela a su Señor (v.1), describe su desgracia y reconoce su pecado (vv. 2-18), y cierra levantando una voz esperanzada en el Señor (vv. 19-22).

    Recuerda, oh Señor, mira y ve (v. 1). La primera apelación contiene los verbos “recuerda”, “mira” y “ve”. El verbo “recuerda”, aunque se usa para referirse al pasado, su énfasis frecuentemente está en el presente y requiere también una acción presente.[41] Siendo que este verbo no solo implica traer a la mente algo, lo que el orante busca al usarlo es una acción del Señor en el presente. Los verbos “mira” y “ve” se usan en otras partes del libro (1:9, 11, 20; 2:20) para dirigirse al Señor y en textos como Éxodo 2:24 y 3:7 se describe la salvación de Dios cuando él ve y recuerda.[42] El orante ha de desear la salvación de Dios al pronunciar estas palabras iniciales. En este versículo se pide recordar “lo que nos pasó” y mirar y ver “nuestro oprobio”, esta es la manera de introducir lo que se detallará a lo largo del lamento.

    Esto, oh Señor, nos ha ocurrido (vv. 2-18). Este lamento describe con desasosiego las calamidades y pérdidas de Judá (llamada también Israel a partir del exilio). La economía está devastada:[43] la tierra que antes les pertenecía está en manos diferentes. La pérdida de la tierra implicaba más que problemas económicos, era también una pérdida religiosa y cultural y significaba prácticamente la ruptura de Israel y el abandono de Dios.[44] Además, están sin padres, son huérfanos y viudas[45], lo cual muestra el estado de indefensión en el que se encontraban y probablemente la ruptura de la estructura social de la nación.[46] Sumado a eso, deben pagar por el agua y la leña, necesidades básicas; tienen que someterse a Egipto y Asiria (naciones enemigas) para tener alimento, pero aun así hay hambruna. El versículo 5 expresa el trabajo duro al que estaban siendo sometidos o la presión que ejercían sobre ellos,[47] eran esclavos en su propia tierra y, aun cuando Canaán se reconoce como tierra de descanso (Dt 12:10), ellos no tenían descanso.[48]

Como si fuera poco, diferentes poblaciones dentro de Israel habían sido abusadas sin importar sexo ni edad:[49] 1) violaron a las mujeres y vírgenes, 2) asesinaron a los príncipes, 3) irrespetaron a los ancianos, 4) explotaron laboralmente a los jóvenes. Estas acciones no eran insignificantes, sino que violentaban el honor del pueblo y los humillaba.[50] Mayoral lo expone así: “Lo más delicado: mujeres y vírgenes violadas; lo más respetado: príncipes y ancianos escarnecidos; lo más excelente: jóvenes y muchachos degradados”.[51] Ante este panorama, el lamento expresa “ha cesado la alegría de nuestro corazón” y “se ha convertido en luto nuestra danza” (v. 15). Respecto a esto, Morla señala:

La expresión ‘alegría de nuestro corazón’ en nuestro texto no denomina tanto una alegría momentánea y superficial (aunque buena y legítima) cuanto una alegría que nace de una permanente convicción… Eso es lo que ha desaparecido entre los habitantes de la Judá desmantelada por el enemigo… Lo que han perdido son sus profundas convicciones en la teología de Sion y en la solidez de su Morador.

Por otra parte, el lamento también reconoce con dolor la causa de la devastación de la nación, Israel había pecado y esta era la razón de su situación actual. Aun el reconocimiento del pecado se hace de forma colectiva:[52] “¡Ay de nosotros que pecamos!”. El uso de la primera persona del plural no solo incluye los pecados de la nación actual, sino que incluye a la comunidad del pasado.[53] El reconocimiento del pecado muestra que el lamento no pretende exponer la inocencia de la comunidad, sino que reconocen que el actuar de Dios es correcto.[54] Esta sección finaliza mencionando la desolación del monte Sion que era considerado el lugar Santo, el lugar del templo, donde moraba Dios (Is 8:18; 18:7; Sal 74:2).[55] Este lugar ahora es un desierto y su mención en el lamento implica para el pueblo un dolor profundo al ver la ciudad santa arruinada, lo cual los lleva a experimentar una aparente ausencia de Dios.[56]

    Pero tú, oh Señor, reinarás para siempre (vv. 19-22). El lamento cierra como inicia, dirigiéndose a Dios, y reconociendo su fidelidad. Morla dice que “Los orantes, que han perdido todo y que llevan una vida de esclavos enajenados, resaltan la permanencia y estabilidad divinas… que contrastan con la transitoriedad humana, sometida a los vaivenes de la historia”.[57] Además, se recalcan el poder y la realeza de Dios junto a las expresiones “para siempre” y “de generación en generación” como una forma de asegurarse de que él no los abandonará.[58] Luego se pregunta, “¿Por qué nos olvidas eternamente, nos abandonas perpetuamente?”; esto no es tanto un reproche sino una pregunta retórica llena de dolor pero a la vez de esperanza,[59] lo cual se evidencia en el reconocimiento anterior que se hizo de Dios.

Seguido, se hace una petición: “Vuélvenos, Señor, a ti y nos volveremos, renueva nuestros días como antes”. Las expresiones de total confianza en Dios de los orantes reflejan que el dolor que Israel estaba sintiendo tiene como uno de sus resultados la purificación de su teología. La estabilidad que encontraban en las instituciones se desdibuja, lo cual lleva a Israel a poner su estabilidad en su Dios.[60] Se reconoce que Dios es quien puede efectuar la reconciliación necesaria entre su pueblo y él. El lamento no cierra con una respuesta segura de Dios a la petición, pero sin duda alguna la petición está llena de esperanza en el accionar de Dios.

El lamento en diferentes culturas

El lamento es una práctica propia no solo del mundo bíblico. En diferentes culturas este ha sido usado para expresar y a la vez aliviar el dolor que resulta de catástrofes, pérdidas, caos, y otras calamidades. Lee señala que canciones y poemas seculares en diferentes culturas comparten algunas de las características principales del lamento bíblico y ayudan a las comunidades a procesar el dolor y llamar la atención acerca del sufrimiento o la injusticia vividas.[61] A continuación, se expondrán cuatro celebraciones en diferentes culturas en las que se hace uso del lamento.

Anualmente la religión judía conmemora la tragedia vivida, celebrando el Tisha B’Av, que significa día 9 del mes de Av. En esta celebración se conmemoran algunas tragedias que el pueblo de Israel ha sufrido a lo largo de la historia, especialmente, la destrucción del primer y segundo templo.[62] Además, los judíos expresan en esta celebración su esperanza en la construcción de un nuevo, tercer y eterno Templo en Jerusalén.[63] Para conmemorar, ayunan, no usan joyas ni calzan zapatos de piel, sino que están en luto total. Se lee el libro de Lamentaciones y de esta forma se recuerda la destrucción y devastación que fue consecuencia del exilio.[64]

La Conferencia de Iglesias Europeas, en torno a la celebración del 20 de junio de 2013, día mundial del refugiado, animó a los cristianos de países europeos a tomar un día en el año para recordar las consecuencias que ha tenido el cierre de las fronteras externas de la Unión Europea. La Comisión de las Iglesias para los Migrantes en Europa (CCME) señala: “recordamos en particular a los migrantes y refugiados que han muerto en su viaje para buscar una vida con dignidad humana en Europa”.[65] La CCME sugiere para esta conmemoración leer noticias y recitar salmos, recordar a los muertos en silencio, usar fotografías para recordar visualmente el trauma vivido, usar cantos y liturgias de Taizé, escribir oraciones u organizar procesiones de luto. Una de las oraciones de intercesión en esta conmemoración recita:

¡Responde a esta llamada!

Permítenos cuidar de nuestro propio futuro

y del futuro de nuestros países

no olvidemos a aquellos que han huido,

en su camino hacia nosotros, en su camino a Europa.

Permítenos, de cara a los enormes cambios en los países árabes,

buscar una nueva política que tome los derechos humanos en serio

y que no trate con las dictaduras por nuestros propios intereses económicos

no eleve las vallas y las medidas de seguridad.

Permítenos recordar a aquellos que han perecido durante su huida,

y aquellos que han muerto de desesperación en nuestros propios países a causa del frío y de la indiferencia de los demás.

Puede haber un futuro en Europa solo cuando aprendamos a compartir con los demás, con el extranjero entre nosotros.

Esta es la promesa del Antiguo y Nuevo Testamento.[66]

 

Por otra parte, la conmemoración anual en Haití por la tragedia ocurrida el 12 de enero de 2010 es también un ejemplo de la forma como un pueblo hace memoria histórica. Este día, la comunidad haitiana realiza una procesión y una misa en la catedral destruida de Puerto Príncipe. En la procesión se cantan himnos, y a la hora exacta en la que ocurrió el sismo se hace un minuto de silencio por las víctimas de la tragedia.[67]

En Chocó, Colombia se tiene la práctica de los “alabaos” que son lamentos convertidos en canto. Los alabaos son una tradición colectiva que tiene como fin aliviar y mitigar el dolor relacionado con la pérdida. En estos ritos, la comunidad (familiares, amigos, vecinos) se solidariza con la persona afectada y de esa forma se reafirma la unidad entre ellos,[68] dedicando los alabaos a Dios, a la Virgen y a los santos. Para la comunidad chocoana vivir el duelo y la tristeza de forma colectiva y pública ayuda a que el dolor sea soportable y genere cierto alivio, proporcionando liberación, mejoría y aceptación.[69]

Los alabaos son también una forma de mantener la memoria histórica. Laura Cerón, periodista del Centro Nacional de Memoria Histórica, registra que:

Actualmente, las mujeres de Condoto reconocen el valor simbólico que tienen los alabaos en la construcción de memoria histórica. Los alabaos también contienen cantos sociales dedicados a la historia de su pueblo, a la violencia sufrida por el conflicto armado, al perdón y a la reconciliación.[70]

 

En este sentido, son una tradición que ha acompañado a la comunidad chocoana no solo en escenarios fúnebres individuales, sino que ha trascendido también a espacios en los que la desdicha y el caos han afectado a la comunidad entera.

La masacre de Bojayá el 2 de mayo de 2002 fue el suceso más atroz que ha vivido esta comunidad en el que 79 personas murieron (de las cuales 48 eran niños) por causa de un enfrentamiento entre las FARC y el bloque paramilitar Élmer Álvarez. Haciendo uso de los alabaos, los habitantes de Bojayá expresaron su lamento e hicieron una denuncia de lo que les había sucedido. Hasta ese 2 de mayo los alabaos se usaban principalmente en velorios, pero la guerra que experimentaron obligó a los habitantes a renovar el discurso.[71] Parte de la letra del alabao que se cantó durante la visita de las FARC para pedir perdón a los habitantes de Bojayá en 2015, en el marco del proceso de paz, dice:

Un décimo aniversario y todo quedó para la historia
Dígales a los de la prensa que no borren la memoria
Y esto quedó para la historia y nunca se olvidará
Señores grupos armados no vengan más por acá
Esto fue un golpe muy duro que a todos atemorizó
Formaron esa pelea y el campesino sufrió
Los niños son el futuro y mucho niño murió
Señores grupos armados no nos causen más terror

La guerrilla de las Farc hoy quiere pedir perdón
Los colombianos pedimos que no más repetición
Con esto nos despedimos ya no les cantamos más
Que se acabe la violencia en el río de Bojayá.[72]

 

Hay puntos en común entre Lamentaciones 2:18-22 y Lamentaciones 5 y la forma de expresión de dolor de comunidades en diferentes culturas como las que se mencionaron en esta sección. 1) El lamento surge a partir de las vivencias propias de cada pueblo. 2) El dolor de cada pueblo gira en torno a las tragedias individuales que pasan a ser colectivas, creando una nueva identidad comunitaria. La comunidad se solidariza con las personas afectadas y sienten su dolor como propio. 3) Se hace memoria a través de la descripción de lo sucedido. Tanto Lamentaciones como las conmemoraciones de estos pueblos permiten mantener viva la memoria histórica del dolor que han vivido. 4) El lamento mantiene viva la esperanza de los pueblos que recuerdan lo que ha sucedido pero que no quieren que vuelva a ocurrir.

Conclusión

Se mostró a lo largo del artículo que el pueblo de Dios expresaba su profundo dolor frente a la devastación de la nación a través del lamento. Además, teniendo en cuenta los componentes de obras litúrgicas, por ejemplo, de la comunidad del Qumrán y la religión judía de antaño, el libro de Lamentaciones, al tener algunas de esas características, seguramente era usado para la liturgia judía en conmemoraciones especiales. En Lamentaciones 2:18-22, el poeta pretende animar a la ciudad a que presente una queja ante el Señor. La exégesis por secciones deja ver cómo el poeta retóricamente usa cada parte para llamar la atención del Señor y así mismo despertar emociones en los lectores que finalmente se pueden ver reflejadas en el lamento colectivo.

Se evidenció, además, que diferentes comunidades alrededor del mundo hacen memoria histórica a través del lamento, conmemorando tragedias del pasado que aún se sienten en el presente, recordando a las víctimas, denunciando la injusticia y liberando los sentimientos de frustración y desesperanza que como comunidad viven. Tal expresión de dolor se hace públicamente, sin tratar de ignorar aquellas situaciones trágicas que han sido parte de la historia de cada comunidad.

En la iglesia cristiana en Colombia el dolor y el sufrimiento suelen esconderse, y se le da paso únicamente a la fiesta y alabanza como representación de fe y victoria. Es increíble que en un país con tantas tragedias como Colombia, el lamento no haga parte del culto cristiano ni siquiera un día del año. Una de las razones por las que no es tan preponderante el uso del lamento dentro de la liturgia en la iglesia cristiana en Colombia puede ser que se le ve como una expresión de incredulidad. Sumado a eso, la cultura colombiana se caracteriza por una tendencia continua a la celebración y el festival. Las penas se intentan superar y aminorar a través del chiste o la parranda y no hay tragedia que aplace una celebración programada. La iglesia no en pocas ocasiones suele acomodarse a esta parte de la cultura. La influencia del “piense positivo” y “no lo declare con su boca” dificulta al creyente y a la comunidad de fe expresar libremente el dolor, la queja, la frustración y la denuncia de la injusticia. Es evidente que esto no sucede en el mundo bíblico del Antiguo Testamento, en donde cuando hay dolor, se expresa y se da lugar al lamento basado en la relación entre Dios y su pueblo y en el conocimiento que estos tenían de su Dios.

La expresión de dolor y angustia también se hace visible en el Nuevo Testamento. Mateo 26:36-44 relata una de las ocasiones en las que Jesús se lamentó, en donde se le describe expresando a sus discípulos y a su Padre su angustia por el paso que estaba próximo a dar. El texto dice que Jesús empezó a entristecerse y a preocuparse (v. 37). Mateo muestra el estado de ánimo de Jesús, pero la narración no se queda solo en la descripción del escritor bíblico, sino que detalla las palabras de Jesús, quien le dijo a Pedro, Jacobo y Juan que estaba tan afligido que se sentía morir (“hasta la muerte” v. 38). También, habla con su Padre, trae su angustia ante él y, aunque ha orado levantando sus manos y alzando su rostro, en esta ocasión cae sobre su rostro; su posición comunica lo que siente, y él, que siempre se ha deleitado en hacer la voluntad del padre, en esta ocasión está tan angustiado que se atreve a pedirle tres veces que cambie sus planes. Esta oración de Jesús deja salir lo que siente tal como lo siente: si es posible, no permitas que esto suceda, pero que pase lo que tú deseas (v. 39). A pesar de su dolor, angustia y tristeza, Jesús dependía del Padre, su voluntad estaba sometida a él. Así que las tres veces termina diciendo: que se haga tu voluntad. Con este ejemplo es posible ver que a pesar de que el Padre sigue con su plan y guarda silencio, Jesús expresa libremente su inmensa angustia y se lamenta ante él y sus discípulos cercanos.

A la iglesia colombina no le vendría mal incluir el lamento tanto en su adoración personal como comunitaria, porque es una forma permitida y legitimada por Dios para expresar el dolor. La iglesia puede seguir el ejemplo del poeta y expresar en sus oraciones colectivas: “Lloren, giman, quéjense, griten. No paren de llorar, expresen su dolor, abran su corazón al Señor y manifiéstenle sinceramente lo que sienten”. Y si quieren pregúntenle, “¿Por qué a nosotros los hijos de Dios nos pasa esto?” O aún, “¿Por qué nos tratas así?” Muy seguramente el Señor, el mismo que escuchó en silencio la queja de la abatida Sion, los escuchará. Finalmente, hay que tener en cuenta que no hay lamento sin esperanza. En palabras del profesor Acosta: “recordar ese dolor y ver que aún seguimos vivos le cambia el sentido; vivimos ese dolor, pero hay esperanza”. En el libro de Lamentaciones, a pesar del caos económico, físico, religioso, social y emocional que se detalla versículo tras versículo, la esperanza y firmeza del pueblo está puesta en su Dios que permanece de generación en generación.

Bibliografía

Acosta, Milton. “Lamentaciones”. Ponencia presentada en Clase de Escritos, Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia, 26 de febrero de 2016.

Arnold, Russell C. D. The Social Role of Liturgy in the Religion of the Qumran Community. Leiden: Brill, 2006.

Boase, Elizabeth y Christopher G. Frechette. Bible through the Lens of Trauma. Atlanta: SBL, 2016.

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[1] Victor Morla, Lamentaciones (Navarra: Verbo Divino, 2004), 36.

[2] Morla, Lamentaciones, 37.

[3] Konrad Schaefer, Salmos, Cantar de los Cantares, Lamentaciones (Navarra: Verbo Divino, 2006), 302.

[4] Schaefer, Salmos, Cantares, Lamentaciones, 304.

[5] (1) Señas específicas dentro del texto que llevan a la gente a orar, (2) enunciados que conectan la oración con un evento y ocasión específicos, (3) coros antifonales, (4) frases responsoriales como “amén”, (5) uso constante de la primera persona del plural, (6) uso regular de fórmulas oratorias, (7) llamados a orar, (8) indicaciones (dentro del mismo texto) de cómo usar el texto en la liturgia, (9) estructura similar con otros textos que se conocen por ser litúrgicos, (10) enlaces precisos con otros textos litúrgicos o con algunas prácticas judías y (11) evidencia de otras fuentes que describen cómo el texto es usado en la liturgia.

Russell C. D, Arnold, The Social Role of Liturgy in the Religion of the Qumran Community (Leiden: Brill, 2006), 23-24.

[6] Elizabeth Boase y Christopher G. Frechette, Bible through the Lens of Trauma (Atlanta: SBL, 2016), 62.

[7] Boase y Frechette, Bible through the Lens, 64.

[8] Roland Harrison, Jeremías y Lamentaciones (Buenos Aires: Certeza, 1973), 249.

[9] David Bosworth, “Daughter of Zion and weeping in Lamentations 1-2”, Journal for the Study of the Old Testament 38, n.° 2 (2013): 234.

[10] Milton Acosta, “Lamentaciones” (ponencia, Clase de Escritos, Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia, 26 de febrero de 2016).

[11] Bosworth, “Daughter of Zion”, 222.

[12] Habla (vv. 20-22), llora (vv. 18-19), es una madre (v. 19 y 22).

[13] Es muralla (v. 18).

[14] Bosworth, “Daughter of Zion”, 223.

[15] El Señor ha derribado sus fortalezas (vv. 2, 5), matado todo lo que era agradable a la vista (v. 4), tratado con violencia su tabernáculo (v. 6), entregado en manos del enemigo (v.7).

[16] Mis ojos se consumen por las lágrimas, hierven mis entrañas (v. 11)

[17] Morla, Lamentaciones, 219.

[18] Harrison, Jeremías y Lamentaciones, 249.

[19] Morla, Lamentaciones, 219.

[20] Vigilia: “Medida hebrea de tiempo para dividir la noche. En el Antiguo Testamento se dividía en tres vigilias de 4 horas: la primera se contaba desde la puesta del sol, la segunda se llamaba vigilia de medianoche y la tercera hasta la salida del sol”. Wilton M. Nelson, ed., Nuevo Diccionario ilustrado de la Biblia (Nashville: Caribe, 1998), 1193.

[21] Robin A. Parry, Lamentations, The Two Horizons Old Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2010), 83.

[22] Christopher Wright, The Message of Lamentations (Illinois: InterVarsity Press, 2015), 95.

[23] Schaefer, Salmos, Cantares, Lamentaciones, 302.

[24] Entiéndase queja como “expresión de dolor, pena o sentimiento”. Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22.ed. (España: Espasa, 2001), 1874.

[25] Clau Westermann, “Role of the Lament in the Theology of the Old Testament” Interpretation 28, n.° 1 (1974): 22.

[26] Parry, Lamentations, 84.

[27] Harrison, Jeremías y Lamentaciones, 250.

[28] Morla, Lamentaciones, 225.

[29] Morla, Lamentaciones, 226.

[30] “Podría decirse que eran como piezas consagradas dentro de la santidad radical del santuario, la casa de Yahvé […] Su asesinato suponía una profanación análoga a la profanación del santuario”. Morla, Lamentaciones, 227.

[31] Tenían como función anunciar su palabra y llevar al pueblo al arrepentimiento. Nelson, ed., Nuevo Diccionario ilustrado, 925.

[32] Juan A. Mayoral, Sufrimiento y esperanza: la crisis exílica en Lamentaciones (Navarra: Verbo Divino, 1994), 78.

[33] Mayoral, Sufrimiento y esperanza, 78.

[34] Lo grave de esto lo explica Morla: “Su desaparición es un signo de la falta de futuro para Judá. Si una sociedad carece de una juventud granada, carece también de porvenir. Está muerta.” Morla, Poesía Lamentaciones, 229.

[35] Nelson, ed., Nuevo Diccionario ilustrado, 543.

[36] Morla, Lamentaciones, 230.

[37] Morla, Lamentaciones, 232.

[38] Parry, Lamentations, 84.

[39] Morla, Lamentaciones, 234.

[40] Morla, Lamentaciones, 235.

[41] R. B. Salters, A Critical and Exegetical Commentary on Lamentations, The International Critical Commentary on the Holy Scriptures of the Old and New Testaments, eds. G. I. Davies y C. M. Tuckett (New York: T & T Clark, 2010), 341-342.

[42] Schaefer, Salmos, Cantar de los cantares, Lamentaciones, 319.

[43] Cf. Parry, Lamentations, 148.

[44] Parry, Lamentations, 148.

[45] Con respecto a esto, por la preposiciónכְּ con la que inicia esta palabra, se dice que no se refiere a mujeres cuyos esposos murieron sino a hombres que no están físicamente presentes. Se lee: “como viudas” a manera de comparación. Mayoral, Sufrimiento y esperanza, 142.

[46] Parry, Lamentations, 148.

[47] Frente a este versículo, hay dos posiciones. Por un lado, se toma la pérdida de padres de forma literal y se relaciona con la pérdida de hombres en la batalla o en el exilio. Si se toma esta posición, debe reconocerse una exageración en el texto. Además, es extraño que si el lamento colectivo incluye a hombres, se describan como huérfanos. La otra posición sostiene que esta es una forma figurada de la comunidad expresar que se sienten sin padre con la pérdida del rey (4:20), de líderes de la comunidad o la ausencia de Dios. Parry, Lamentations, 148.

[48] Parry, Lamentations, 149.

[49] Cf. Parry, Lamentations, 143. Los versículos 11-14 pueden ser una subdivisión, puesto que el orante pasa de hablar en primera persona del plural a hablar en la tercera persona del plural.

[50] Mayoral, Sufrimiento y esperanza, 150.

[51] Mayoral, Sufrimiento y esperanza, 151.

[52] Cf. Morla, Lamentaciones, 466.

[53] Salters, A Critical and Exegetical Commentary, 365.

[54] Salters, A Critical and Exegetical Commentary, 365.

[55] Mayoral, Sufrimiento y esperanza, 147.

[56] Mayoral, Sufrimiento y esperanza, 148.

[57] Morla, Lamentaciones, 420.

[58] Morla, Lamentaciones, 472.

[59] Morla, Lamentaciones, 475.

[60] Morla, Lamentaciones, 420.

[61] Nancy C. Lee, [“Lament in the Bible and in Music and Poetry across Cultures Today”], reseña de Lyrics of Lament: from Tragedy to Transformation, de Nancy C. Lee, Society of Biblical Literature, 7.

[62] Fraternidad internacional de Cristianos y Judíos, Tishá B’Av, http://www.fraternidadinternacional.org/site/PageServer?pagename=corner_holidays_TishaBAv&s_locale=es_US, último acceso 20 de febrero de 2018.

[63] Fraternidad internacional de cristianos y Judíos, Tishá B’Av.

[64] Fraternidad internacional de cristianos y Judíos, Tishá B’Av.

[65] Comisión de las Iglesias para los Migrantes en Europa, Día de intercesión en memoria de los que han muerto en las fronteras de la UE 2013http://www.kirchenasyl.de/wp-content/uploads/2013/06/Gedenktag-2013-Materialheft-spanisch1.pdf, último acceso 20 de febrero de 2018.

[66] Comisión de las Iglesias para los Migrantes en Europa.

[67] El Universal, “Haití lloró sus muertos al conmemorar un año de la tragedia por el terremoto”, El Universal, 13 de enero de 2013, http://www.eluniversal.com.co/cartagena/internacional/hait%C3%AD-llor%C3%B3-sus-muertos-al-conmemorar-un-a%C3%B1o-de-la-tragedia-por-el-terremoto.

[68] Fundación cultural de Andagoya, “Gualíes, alabaos y levantamientos de tumba, ritos mortuorios de las comunidades afro del municipio del Medio San Juan” (documento de trabajo, Plan especial de salvaguardia de la manifestación, Ministerio de cultura, 2014), 36.

[69] Fundación cultural de Andagoya, “Gualíes, alabaos”, 60.

[70] Laura Cerón, “Alabaos, cantos de resistencia y memoria”, Centro Nacional de Memoria Históricahttp://www.centrodememoriahistorica.gov.co/noticias/noticias-cmh/alabaos-cantos-de-resistencia-y-memoria, 28 de marzo de 2016.

[71] Redacción judicial, “Cantos de resiliencia”, El Espectador, 10 de diciembre de 2016, http://www.elespectador.com/noticias/judicial/cantos-de-resiliencia-articulo-669791.

[72] Redacción judicial, “Cantos de resiliencia”.

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