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El impacto de la educación teológica en la sociedad

Luis Eduardo Ramírez, Mg

Vicerrector Académico y Decano de la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (FUSBC)

Desafío del tema

Cuando se habla del impacto de la educación en la sociedad es necesario hacerlo en el marco de las funciones de dicha educación. Este es un tema complejo, pues “no existe un listado exhaustivo ni un modo único de clasificar los papeles que la educación cumple o deba cumplir para sus distintos actores”.[2] Según Hernando Buendía, las instituciones educativas cumplen algunas funciones no educativas, como la de proveer empleos para miles de docentes y trabajadores. Además son un espacio social para millones de estudiantes, porque son lugares de protección donde ellos pasan gran parte de su tiempo diario.[3]

Tradicionalmente, las funciones de la educación se han organizado en sociales e individuales. Algunas funciones sociales de la educación son el crecimiento económico, la superación de la pobreza y la integración nacional, hasta el punto de poder afirmar que la educación es creadora de naciones. A su vez se han planteado algunas funciones individuales como la socialización, la transmisión de cultura y el desarrollo de la personalidad, la formación para el trabajo y la formación para la ciencia y la tecnología.[4]

Las funciones que se le han adjudicado a la educación son tan variadas como lo son los acercamientos filosóficos y pedagógicos. Existen muchas expectativas populares acerca de lo que deben hacer las escuelas, colegios, seminarios o universidades; tales expectativas, aunque comprensibles, tienden a veces a desviar la atención de las instituciones hacia actividades no siempre esenciales para su misión, o respecto de las cuales su eficacia es intrínsecamente limitada.[5]

Un ejemplo reciente de esto, es la popularización de la idea de educación con fines puramente productivos. Un botón para la muestra es el libro del periodista Andrés Oppenheimer  donde se rechaza la formación en carreras humanistas y se promueve la formación en la innovación, porque se considera que el problema del subdesarrollo en América Latina está ligado al apego a las ideologías y a la obsesión por el pasado.[6] Como argumenta Bauman, en la actualidad se evidencia socialmente un rechazo al pasado, a lo establecido y se promueve la innovación como solución a las problemáticas generadas por el fracaso de los modelos y el desencanto con las ideologías que propugnan por la estabilidad y la seguridad.[7] En otras palabras, se plantea la educación como la clave para el desarrollo económico, como lo expresa Theo Donner: “La única pregunta válida es cómo mejorar los niveles de producción y cómo mejorar los ingresos para poder aumentar el consumo. Vamos a promover la ciencia y la investigación porque es un aporte a la industria. Aquí rige la ley del mercado. Únicamente aquella investigación que ofrece posibilidades económicas va a conseguir los fondos para su proyecto”.[8]

En un análisis de la realidad latinoamericana que se hace en el Documento Maestro del Programa de Teología de la FUSBC, se afirma que el progreso económico que trae la globalización no se refleja en la disminución del número de pobres, no ha producido “desarrollo social” en “todas las dimensiones de la existencia humana”.[9]  A esto se suma que “las situaciones de corrupción, desigualdad, consumismo, violencia, irrespeto a la propiedad, la vida y la honra del otro, entre otros factores sociales, marcan la realidad colombiana y latinoamericana”.[10] Esta realidad plantea un desafío en la construcción de un currículo que sea relevante para su contexto, responda a su realidad y “genere cambios en la forma de pensar y de actuar en las nuevas generaciones”,[11] puesto que cuando se habla de impacto social se entiende como cambios duraderos a nivel de la sociedad.[12]

La FUSBC ha tenido como uno de sus propósitos fundamentales “colaborar con Dios en su obra de transformar el contexto para que este refleje su gloria”. Esto lo hace a través de la formación teológica de hombres y mujeres que han sido llamados para servir a Dios, la iglesia y la sociedad.[13] En otras palabras, su propósito fundamental es “llevar a la persona a una comprensión vivencial del significado e implicaciones del conocimiento de Dios en Cristo. Así se contribuye a la construcción de una iglesia más entendida de Dios y su misión, que promueva el tejido de una sociedad más ética, más justa, más propositiva de soluciones y con mayor valoración de la vida y del Creador”.[14]

Algo a lo que se enfrenta constantemente la educación teológica, es a la imposición de agendas particulares que no concuerdan con la función de esta. En el caso de la FUSBC, por ejemplo, muchas personas opinan que el seminario debería estar haciendo algo que no está haciendo. Tienen una agenda, muchas veces personal, que quieren que el Seminario realice. Específicamente, con relación al tema del impacto social, son muchas las personas que quieren dictar la agenda de las instituciones de educación teológica, sin importar que estas sean instituciones educativas, universitarias y confesionales.

Es entonces un reto para las instituciones universitarias responder a su compromiso social sin perder de vista su función educativa, ni su misión y visión particular. Existen algunos lineamientos y directrices que pueden orientar esta tarea, de modo que puedan hacer un aporte significativo para el mejoramiento de la sociedad y a la vez cumplir con su llamado.

Orientaciones generales para un impacto social

El punto de partida de cada institución debe ser su visión y misión y, en el caso de las instituciones teológicas, su confesionalidad. Además, es indispensable tener en cuenta la realidad contextual en la que se desenvuelve. Las instituciones impactan y evalúan su impacto desde su propia identidad.[15]

Marco legal colombiano. En cada país existen leyes que regulan y orientan la educación, y por ende cómo se incorpora la responsabilidad social. En cuanto a la educación, en Colombia rige la Ley 30 de 1992.[16] Esta ley general de educación establece que las funciones misionales de la universidad son la docencia, la investigación y la extensión, y es desde estas funciones como las instituciones universitarias desarrollan su responsabilidad social.[17]

Marco confesional. Para las instituciones de educación teológica existen algunos lineamientos que orientan el compromiso social:

            El Congreso Misionero de Panamá de 1916. Los acontecimientos de inicio del siglo XX fueron coyunturales para la consolidación del protestantismo en Colombia. En primer lugar, el mundo protestante inició el siglo con los congresos ecuménicos que marcaron el rumbo de la presencia protestante en América Latina. En este congreso se declaró a América Latina como campo misionero, y se establecieron las líneas de misión protestante para el continente: evangelizar las clases cultas, unificar la educación teológica y promover la unidad protestante.[18]

            Consulta de Medellín, 1988. Este evento fue organizado por la Confederación Evangélica de Colombia (CEDECOL) y el Seminario Bíblico de Colombia, del 22 al 26 de agosto de 1988, con el propósito de “fomentar una reflexión seria, desde la perspectiva evangélica y bíblica, sobre la Teología de la Liberación, con el fin de orientar a la Iglesia de Cristo en su testimonio y servicio en el contexto latinoamericano”.[19] Una conclusión importante  a la que se llegó fue que no era posible interpretar las Escrituras dándole las espaldas a la propia realidad cultural y social,[20] y “proclamar que el cambio social no garantiza la salvación de los hombres, de la misma manera como la salvación por sí sola no garantiza el cambio social”.[21] Una educación que sirve e impacta a la comunidad, procura la justicia como expresión de la presencia del Reino en medio de la sociedad. La Consulta se expresó en reconocer y confesar que la enseñanza y la práctica en la Iglesia Evangélica han sido muchas veces y de muchas maneras deficientes, y a su vez presenta un compromiso de cambio donde sea necesario.[22] Esta consulta tuvo un impacto en el desarrollo del currículo en el Seminario Bíblico de Colombia, en su hermenéutica, su articulación teológica y su praxis.

            El Compromiso de Ciudad del Cabo, 2010. El Compromiso de Ciudad del Cabo resalta que la educación teológica forma parte de la misión de Dios, que su objetivo es servir a la misión de la iglesia en el mundo. El Compromiso hace el siguiente llamado: “Instamos a que las instituciones y los programas de educación teológica realicen una ‘auditoría misional’ de sus planes de estudio, estructuras y espíritu general, para asegurar que realmente respondan a las necesidades y oportunidades que enfrenta la iglesia en sus respectivas culturas”.[23]

            El Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida Brasil, 2007.[24] En cuanto al proceso de formación integral para los llamados a la vida consagrada, plantea una educación en contexto libre de ambientes artificiales que abarque lo humano, espiritual, intelectual y pastoral del consagrado, “centrado en Jesucristo, el Buen Pastor”.[25] En relación a la educación superior concluye que la educación católica deberá estar en armonía con la misión evangelizadora de la Iglesia. La universidad pondrá “los nuevos descubrimientos humanos al servicio de las personas y la sociedad”.[26] Los ministerios de misericordia no deben contribuir a la prolongación de los “círculos viciosos que sean funcionales a un sistema económico inicuo”, sino que debe acompañar su labor de misericordia con la búsqueda de la justicia social que promueva el bienestar comprometido de los sujetos afectados, teniendo en cuenta la dignidad del ser humano, dignidad por la que debe velar la iglesia.[27]

Iniciativas de la FUSBC

Teniendo en cuenta esas orientaciones, la intención es compartir con ustedes tres maneras en que la FUSBC ha venido haciendo un aporte social procurando no perder de vista su labor educativa y teológica.

            Desde Extensión Universitaria (Educación Continua). La FUSBC en convenio con la  Asociación  Carcelaria de Antioquia (ACCA) aporta a la resocialización de las personas privadas de la libertad recluidas en cárceles en Colombia por medio de los programas ofrecidos por el Instituto Carcelario de Formación Integral (ICFI). Esta iniciativa nació en el contexto de la violencia del narcotráfico de los años 80s y 90s en Medellín, en una de las cárceles más peligrosas y hacinadas de Colombia.[28]

El ministerio educativo en la cárcel de Bellavista tuvo su origen en 1992 como iniciativa de la profesora de Hebreo Bíblico, Jeannine Brabón y el estudiante Fabián Cortés, quien fue el primer coordinador del instituto.[29] El anhelo de la Dra. Brabon era que Dios usara este instituto para entrenar a los que fueron los peores delincuentes de la sociedad en líderes de la iglesia de Cristo. El primer año solo se graduaron tres, uno de los cuales dijo: “Dios encuentra oro en la basura de la sociedad, él es el mejor reciclador”. Hoy día él es abogado; otro trabaja en el ministerio carcelario en las prisiones de Estados Unidos; y el otro fundó una iglesia y está comprometido en el ministerio. Actualmente el ministerio cuenta con más de 50 hombres que están tiempo completo como pastores o evangelistas en cárceles, más de 23 han fundado iglesias, algunas de las cuales sobrepasan los 300 miembros.[30]

En el año 2015, el director regional del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), al conocer el programa del ICFI, pidió que este programa se replicara en otras dos cárceles del área metropolitana, la Cárcel de Pedregal y la Cárcel de máxima seguridad de Itagüí.[31] El 21 de agosto de 2016, la Cámara de Representantes de Colombia otorgó a la Confraternidad Carcelaria de Colombia, dirigida por el egresado de la FUSBC, Lácides Hernández, “la Orden de la Democracia Simón Bolívar Grado Cruz Comendador” .[32]

El día de hoy, la mayoría de ministerios de la Confraternidad Carcelaria de Antioquia y de la Confraternidad Carcelaria de Colombia están dirigidos por egresados de los programas de la FUSBC. El ministerio carcelario ofrece programas intramuros tales como el ICFI, Justicia Restaurativa, Formación de Líderes, Árbol Sicómoro, Curso Alpha, Curso de Alfabetización, atención espiritual en patios y en la capilla. En los programas extramuros: Familias con realidad carcelaria y Prevención al delito y a drogodependencia en espacios estudiantiles.[33]

El programa del ICFI tiene como objetivo ofrecer formación de calidad en los campos espiritual, ético, moral, bíblico, de resocialización y de desarrollo ciudadano a personas privadas de la libertad. El programa tiene una duración de tres años de formación: Diplomado en Crecimiento Personal, Diplomado en Antiguo Testamento y Ministerio Cristiano, y Diplomado en Nuevo Testamento y Ministerio Cristiano.[34] El INPEC otorga rebaja de penas a los reclusos que cursen los programas del ICFI.

            Desde la División de Investigación. Para nadie es un secreto que Colombia es de los primeros países en el mundo que sufre el flagelo del desplazamiento forzado interno.[35] Ante esta realidad, la FUSBC tiene el compromiso de ser un agente de cambio; por tal razón en el año 2014 celebró, en asocio con el Fuller Theological Seminary, un Congreso Teológico sobre “Migración, exilio, desplazamiento y violencia”. Con el fin de dar continuidad a esta iniciativa, la institución se propone impactar la sociedad con el proyecto Teología y Desplazamiento (TyD),[36] que cuenta con financiación de la Templeton World Charity Foundation. Este proyecto busca promover el florecimiento integral (espiritual, social, sociológico y económico) de las personas en condición de desplazamiento en Colombia y la movilización del capital humano con el que cuentan las iglesias que puede aportar a este propósito. En términos generales se pueden resumir tres metas de este proyecto: el avance y la extensión del conocimiento, la movilización de las comunidades evangélicas locales y el florecimiento de las personas en situación de desplazamiento.

Esa investigación combina los objetivos académicos y de impacto social en la metodología y en los productos que se generarán como resultado de ella. A nivel de metodología, el acercamiento de Investigación Acción Participativa, elaborada por Orlando Fals Borda, permite la integración interdisciplinar y la participación de las personas en situación de desplazamiento en la transformación de su realidad. El proyecto trabajará con seis comunidades en situación de desplazamiento y seis iglesias comprometidas con el trabajo en dichas comunidades. La participación de investigadores que representan una variedad de disciplinas permite la integración del conocimiento en torno a un objetivo común. El proyecto cuenta con un grupo de veinticinco expertos en seis grandes áreas disciplinares: misiología integral, pedagogía, economía, sociología, psicología, e interacción con el sector público.

            Como resultado de la investigación se generarán ciertos productos de corte específicamente académico: seis artículos para publicación, un congreso académico, e informes de análisis del impacto. A la vez, se generarán otros productos cuya finalidad es brindar un beneficio social a las personas en situación de desplazamiento: material curricular para líderes de iglesias, laicos profesionales y desplazados; y un sitio web que recopile los recursos disponibles para las comunidades en situación de desplazamiento.

            Desde la Docencia y la División de  Extensión (Educación Continua). La FUSBC pretende aportar  en la formación directa de la población en zonas de violencia con el diplomado inter-institucional e inter-confesional “Agentes de paz y reconciliación. Un compromiso del cristiano”. Este es un proyecto de cooperación de la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (FUSBC), la Sociedad Bíblica Colombiana (SBC), la Fundación Universitaria Bautista (Unibautista) y la Universidad Minuto de Dios (Uniminuto), que pretende reflejar la unidad en la misión de los cristianos frente a su vocación de ser agentes de paz en el contexto colombiano.

La conceptualización teórica del diplomado parte del llamado a los cristianos de ser agentes de paz y de la vocación de la Iglesia de ser constructora de paz, en medio de la realidad social colombiana. Por tal motivo, el currículo está dirigido a la Iglesia, aportando recursos y saberes para el desarrollo de las competencias de ser gestora de paz que facilite el ejercicio de su vocación, ya sea en las comunidades eclesiales, organizaciones basadas en la fe o en instituciones educativas. Esta propuesta no parte de las negociaciones del gobierno colombiano con grupos al margen de la ley (pos-acuerdos) sino de la vocación de la Iglesia como agente de paz y reconciliación.

El diplomado consta de cinco (5) módulos, (3) (identifican lo que es común y base para todas las instituciones)Acercamiento al contexto colombiano de la paz, Bases bíblico-teológicas de la paz, e Incidencia pública; y (2) (dan la marca institucional)

  • FUSBC: 1. Voces contra la corrupción y 2. Acompañamiento pastoral en procesos de reconciliación.
  • SBC: 1. Acompañamiento espiritual y psico-social a las víctimas y 2. Pedagogía para la paz.
  • Unibautista: 1. Acompañamiento psico-espiritual a víctimas y victimarios y 2. Justicia restaurativa.
  • Uniminuto: 1. Herramientas pedagógicas para la paz y 2. Antropología cristiana. El compromiso cristiano por la paz.

Todos los módulos tendrán un taller práctico (proyecto de análisis de la realidad personal y la incidencia del estudiante en el cumplimiento de su vocación como agente de paz).

Conclusión

Toda institución teológica está inmersa en su contexto y enfrenta el desafío de ofrecer alternativas de transformación; a su vez, está llamada a ser fiel a su identidad institucional, comprometida con su carácter confesional y obligada a seguir los lineamientos establecidos por sus gobiernos para la educación universitaria. Las instituciones tienen la responsabilidad de desarrollar mecanismos, buscar espacios y proveer oportunidades de participación en labores sociales sin perder estos criterios orientadores. Las anteriores son tres iniciativas con las que la FUSBC procura su impacto en la sociedad, no pretenden ser las mejores opciones, pero se realizan con humildad, entrega y fidelidad buscando la mayor gloria del Señor Jesucristo.

Obras citadas

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[1] Luis Eduardo Ramírez, “El Impacto de la Educación Teológica”. Ponencia presentada en la IX Conferencia Teológica Continental y Asamblea General de AETAL, 19-22 de septiembre de 2016, SEMISUD, Quito – Ecuador.

[2] Hernando Gómez Buendía, Educación: la agenda del siglo XXI hacia un desarrollo humano (Santafé de Bogotá, TM Editores, 1998), 16 y 38.

[3] Gómez Buendía, Educación, 18.

[4] Gómez Buendía, Educación, 18-41.

[5] Gómez Buendía, Educación, 18.

[6] Andrés Oppenheimaer, Basta de historias. La obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro, (Bogotá: Debate, 2010), 82.

[7] Zygmunt Bauman, La sociedad sitiada (Buenos Aires, Fondo de Cultura económica, 2002), 53.

[8] Theo Donner, Posmodernidad y fe. Una cosmovisión cristiana para un mundo fragmentado (Barcelona, CLIE, 2012), 27-28. Ver Gabriel Misas Arango, La educación superior en Colombia. Análisis y estrategia para su desarrollo (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2004), 21-37.

[9] Documento Maestro de Renovación del Registro Calificado del Programa de Teología (Medellín: Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia –FUSBC–, 2012) 25.

[10] FUSBC, “Documento Maestro”, 25.

[11] FUSBC, “Documento Maestro”, 26. Ver ICETE Manifesto on the Renewal of Evangelical Theological Education, en http://www.icete-edu.org/manifesto/. Rupen Das, Connecting Curriculum with Context. A Handbook for Context Relevant Curriculum Development in Theological Education, Series Editor Riad Kassis, (ICETE, Langham Global Library, 2015), 39-56.

[12] Evaluación Curricular. Informe de seguimiento a egresados SBC – FUSBC 2001-2013. (Medellín: Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia, 2015), 49, 56-57. “Pero a fin de evaluar el impacto del ministerio de los egresados y de la formación recibida en la institución (entendiendo impacto como cambio social duradero), se habrían tenido que tener en cuenta otros factores: grupo(s) de control a fin de identificar cambios, seguimiento a lo largo del tiempo a fin de identificar la permanencia del cambio, una metodología que permitiera identificar con certeza razonable la relación causa-efecto entre el ministerio del egresado y el cambio identificado”.

[13] Misión FUSBC: “Somos una institución universitaria confesional cristiana que, en obediencia a un llamamiento divino y con fundamento en la Biblia, aporta a la formación integral con alta calidad académica de personas comprometidas con Dios, la iglesia y la sociedad”. (Medellín: FUSBC Proyecto Educativo Institucional –PEI– 2016), en https://www.unisbc.edu.co/documentos/PEI.pdf.

[14] FUSBC, “Documento Maestro”, 26. Ver René Padilla (ed.), Nuevas Alternativas de educación teológica (Buenos Aires-Grand Rapids, MI: Nueva Creación, 1985), 121.

[15]   Consejo Nacional de Acreditación –CNA–, Lineamientos para la acreditación de programas de pregrado, (Bogotá, D.C., enero de 2013), 7.

[17] “Por otra parte, la universidad requiere definir la visión integral de sus funciones académicas: docencia, investigación y extensión sobre un nuevo paradigma siendo uno de sus mejores soportes, una comunicación oportuna como eje transformador que le permita, a través de la creación y difusión del conocimiento lograr la correspondencia entre lo que la sociedad demanda por una parte y la coherencia interna que debe reinar en la universidad, por la otra, en la búsqueda de la pertinencia social que aspira el contexto de las instituciones de Educación Superior, tratando de hacer compatible el discurso con la acción […] En consecuencia, la proyección social es la función que cumple la universidad con el medio externo. Se apoya en la docencia y la investigación para el diseño y desarrollo de proyectos que articulen las experiencias y saberes de la academia con los saberes y experiencias del entorno. En este proceso la universidad reconoce características, cultura, potencialidades, necesidades y demandas del medio externo, así podrá estar dispuesta a abrir múltiples y flexibles formas de interacción con los sectores sociales, con los gobiernos locales y nacionales, con los organismos no gubernamentales, con las organizaciones populares y con el sector productivo”.

Cynthia Martínez, Responsabilidad social universitaria y su articulación con las funciones docencia-investigación-extensión para su vinculación con el entorno social (Venezuela: Universidad de Zulia, 2011), en  http://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-261507.html.

[18] Juan Fonseca Ariza, Misioneros y civilizadores: protestantismo y modernidad en el Perú (1915-1930) (Lima, Fondo Editorial PUCP, 2002), 125. Ver Juana de Bucana, La Iglesia evangélica en Colombia: una historia (Bogotá, WEC International, 1995), 88.

[19] Declaración de Medellín, Consulta Medellín 88 (Medellín: CEDECOL y SBC, 1988), 3.

[20] Declaración de Medellín, 7.

[21] Declaración de Medellín, 13.

[22] Declaración de Medellín, 9-14.

[23] Compromiso Ciudad del Cabo (CCC – 2010), Segunda Parte, 2F: Asociarse en el cuerpo de Cristo para la unidad en la misión, 4. La educación teológica y la misión (Ciudad del Cabo, 2010), 76-77. En líneas similares, se pronuncia el Pacto de Lausana: “Reconocemos que hay gran necesidad de mejorar la educación teológica, especialmente para los líderes eclesiásticos. En toda nación y cultura debería haber un programa eficaz  de entrenamiento para pastores y laicos en doctrina, discipulado, evangelización, formación y servicio. Estos programas de entrenamiento no deberían basarse  en ninguna metodología estereotipada, sino que deberían desarrollarse mediante iniciativas locales creativas conforme a las normas bíblicas,” Pacto de Lausana, “Educación y liderazgo”, numeral 11, en Compromiso Ciudada del Cabo; Anexo, Pacto de Lausana, 91.

[24] Documento conclusivo. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de Caribe, 3ra edición, (Aparecida, CELAM, 13-31 de mayo de 2007, numerales 322-391), 173-305.

[25] Documento conclusivo, numerales 173-177.

[26] Documento conclusivo, 184-185.

[27] Documento conclusivo, 203-205.

[28] Jeannine Brabon, “Changing Colombia from the Inside Out”, en “The Word of Life in the Land of Death” (OMS Outreach, abril/junio 2000), 8-9. Ver también: “Inicialmente se empezó la labor en la cárcel Bellavista, la cual fue siempre desde sus inicios una cárcel sumamente peligrosa. Muchos detenidos lloraban para que no los llevaran a Bellavista. Era considerada un matadero. Permanentemente sacaban hombres hechos pedazos, destrozados, asesinados vilmente. Bellavista era considerada la cárcel más peligrosa de Latinoamérica, y la segunda más peligrosa del mundo. Para entrar a Bellavista se necesitaba un poder especial. No cualquiera entraba, dentro del penal las personas eran robadas, les quitaban la ropa, los zapatos o lo que tuviera. La estrategia de tener los evangélicos una capilla fue muy especial, así no se arriesgaba tanto. Ir a los patios no era permitido, ni siquiera la guardia podía ingresar porque los mataban. Bellavista en su corta historia ha batido todos los récords: mayor hacinamiento, mayor número de fugas, mayor número de homicidios, mayor número de motines, mayor número de guardianes destituidos… [y asesinados], la primera gran masacre cometida en Antioquia fue contra siete internos de Bellavista. Un grupo de encapuchados detuvo el furgón que los traía de los juzgados y los fusilaron”. Historia de la Confraternidad carcelaria de Colombia, en http://www.pfcolombia.org/historia-ccc.

[29] Entrevista con la Dra. Jeannine Brabon, Presidenta de la Asociación Carcelaria de Antioquia (ACCA), Medellín, entrevista del 30 de agosto de 2016.

[30] Jeannine Brabon, entrevista.

[31] Entrevista con el Mag. Cristian Otavo, Coordinador del ICFI, Medellín entrevista del 26 de agosto de 2016.

[32] Margarita María Restrepo, Página oficial de la Representante a la Cámara por el Departamento de Antioquia, en   http://www.margaritarestrepo.com/2016/08/otorgararemos-condecoracion-la.html.

[33] Asociación Confraternidad Carcelaria de Antioquia –ACCA–, “Nuestros programas”, en http://www.accantioquia.org/.

[34] Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia / Asociación Confraternidad Carcelaria de Antiqouia, Proyecto Educativo 2015 del ICFI, Medellín, FUSBC/ACCA, 2015. “Partiendo de los artículos 3, 9, 10, 37, 87, 94, 95, 96, 97, 99, 101,102 de la Ley 65 de 1993 (Código Penitenciario y Carcelero Colombiano), en los que se describe la función resocializadora de las medidas de seguridad y la finalidad de que el tratamiento penitenciario alcance la resocialización del infractor de la Ley penal a través de la disciplina, el trabajo, el estudio, la formación espiritual, la cultura, el deporte, bajo un espíritu humano y solidario (Artículo 3, 9,10); el ICFI integra la formación académica, la formación espiritual y la disciplina, aportando a los internos recursos para la realización de un proyecto de vida saludable que se transmita en la superación personal y ciudadana, trascienda su paso por el penal y se extienda hasta su vida en comunidad fuera de prisión. Este programa se rige por el capítulo VIII, Educación y enseñanza (artículos 94 al 103), del Código Penitenciario y Carcelero Colombiano”.

[35] ACNUR – La agencia de la ONU para los refugiados, Colombia, en http://www.acnur.org/donde-trabaja/america/colombia/, consultada el 17 de septiembre de 2016. Ver El Heraldo, “Colombia es el primer país del mundo en desplazamiento forzado con 6,6 millones”, 20 de junio de 2016, en http://www.elheraldo.co/nacional/colombia-es-el-primer-pais-del-mundo-en-desplazamiento-forzado-con-66-millones-267415, consultada el 17 de septiembre de 2016.

[36] Christopher Hays, La misiología integral y el florecimiento de los desplazados internos en Colombia, Medellín, Proyecto Teología y Desplazamiento, en la Línea Teología Práctica del Grupo de investigación en Teología, FUSBC, 2015.

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