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Cantos para la realidad colombiana

“Predicación Transformadora” exploró el género poético el año pasado (2019). Durante los acostumbrados talleres, los participantes meditaron en el Salmo 119; un elogio, una oda sobre la palabra de Dios. Con el ánimo de bendecir a la Iglesia en general, se comparten algunas de las presentaciones de los participantes. Todas, al igual que el salmo, son oraciones que expresan nuestras realidades con el fervor ardiente del poeta de vivir dichas realidades a la luz de la Palabra. Vienen en poesía y prosa, pero una y otra reflejan un encomiable esfuerzo por ser fieles al poema, relevantes al contexto y claras y apelantes al auditorio. Enriquezcan su oración y canten lo que la realidad apremia.

Tu Palabra

Salmo 119:9-16
Una oración provocada por la estrofa
Bet
Autor: Andrés Giraldo

¿Cómo ser limpio, Señor?
Pregunta mi corazón.

Muchas voces he escuchado,
generan confusión.
La esperanza se roban,
secan el corazón.

Voces de mentiras,
dolor y ansiedad.
Voces que quitan vida
y exaltan la maldad.

¿Cómo ser limpio, Señor?
Pregunta mi corazón.
Tu voz recuerdo de nuevo.

Tu Palabra, mi camino guía.
Tu Palabra, guarda el corazón.
Tu Palabra, fuente de vida,
transforma todo lo que soy.

¿Cómo responder, Señor,
a voces de muerte y desolación?
Recuerdo entonces tu voz.

Tu Palabra,
da a luz esperanza, brinda seguridad
y es fuente de toda verdad.
Riqueza más grande en la vida: no hay.

No me dejes olvidar
tu Palabra, Señor.

Súplica de un forastero

Salmo 119:17-24
Guímel
Una plegaria cuando no se
pertenece a ningún lugar
Autora: Diana Marlen Rubio

Nunca he sido forastera; pero sí he
enfrentado espacios donde no sentía que
pertenecía, aún en entornos supuestamente
cristianos: salones llenos de personas
despiadadas y mal intencionadas;
menosprecio y crítica me atacaron
duramente.

Muchas veces, en mi niñez y adolescencia,
no quise ir al colegio; más bien escapar de
casa y huir donde nada ni nadie me hiciera
daño. Cuando nos sentimos forasteros,
nuestras verdaderas necesidades saltan a la
vista.

Le sucedió al salmista: “forastero soy yo en
la tierra”, rodeado de quienes se “desviaron
de los mandamientos de Dios”. Desde esa
condición, eleva una súplica: lo único que
tiene a la mano, donde nadie da la mano.
Suplica por

Bondad (v.17): “trátame con bondad”. Un
beneficio en medio de la realidad por la que
pasaba. Sin embargo, justifica su clamor en
“guardar la Palabra”. En semejante situación,
quiere proteger su apego a la palabra: que
no se vaya de su corazón. “Proteger como
con espinos” para que nada ni nadie llegue a
usurparla. “Tus testimonios son mis delicias”
(v.24).

• ¿Es esta nuestra petición cuando nos
encontramos en espacios donde no
somos bienvenidos? ¿Qué pedimos o
protegemos?

Conocimiento (v.18-19): “Abre mis ojos”.
“Abrir” alude a desnudar, revelar, descubrir… y “miraré las maravillas de tu ley”.
La Torá, los mandamientos. ¿Es posible
encontrar maravillas en una ley, en un
mandato? ¿Se disfruta acaso de un semáforo
en rojo, cuando se va de afán? Los ojos han
de ser operados, “abiertos”, de lo contrario
no vemos o nos perdemos el fenómeno y
efecto maravilla.

• En tierra extraña, nada como un mapa
para saber sortear el camino.

Justicia (vv. 20-23): “Quebrantada está mi
alma de desear tus juicios en todo tiempo”.
El poeta suplica por acción de Dios contra
los soberbios: “Reprendiste”. Los soberbios
son todos aquellos que agreden, expulsan,
desalojan, maltratan.

• En este mundo, somos forasteros. No
nos abrimos paso, tomando la justicia
en nuestras propias manos, sino
uniendo nuestras manos para suplicar
por su justicia.

Jesús dijo: “estas cosas os he hablado para
que en mí tengáis paz, en el mundo tendréis
aflicción, pero confiad, yo he vencido al
mundo”. Jn.16:33

Caminamos pues en medio de un
mundo ya vencido, suplicando por bondad,
conocimiento y justicia.

Colombia no tiene quien le escriba

Salmo 119:81-88
El alma colombiana desfallece
Caf
Autor: Felipe Forero

Nuestro nobel en su libro, El coronel no tiene quién le escriba, relata una situación que podía reflejar un poco el gemido del salmista y el de nuestra Colombia, incluyendo la iglesia.

Desde la política, se ofrece un “cambio utópico” a la cruda realidad. El hambre de esperanza es desesperante. El salmo deja ver a un poeta, que a la par con el coronel, se desgasta esperando un aliciente.

Usando el contraste de un paralelismo, da voz a tres peticiones, sostenidas por tres razones.

Una situación abrumadora: “Desfallece mi alma”. Desfallece porque desde el exilio y desde la vida como peregrinaje desea la intervención de su Dios. El salmista habla de una larga espera que llega a desesperar, como una de nuestras llamadas telefónicas y urgentes donde nos dejan en modo espera. El poeta, orante desfallecido, se mantiene esperando la salvación, porque conoce a su Dios.

• ¡Qué desgarrantes las realidades de aquellos que esperan sin que haya alguien que les conteste!

Un nudo ciego: A la turbulencia de su corazón, se le suma la persecución, que por poco lo mata. Nuevamente levanta su voz y apela a la verdad de la Palabra. El nudo ciego lo forman para nosotros, una realidad de patria y de iglesia sin solución de por medio, en el que solo se oye un silencio aterrador. Como lo expresaron nuestros poetas Ricardo Silva y Álvaro Villalba en la canción “Reclamo a Dios”.

Vengo de recorrer el sufrimiento,
Vengo de sentir el dolor,
Y vengo de hablar con Dios,
Perdón, Señor, si te pregunto:
¿Dónde estabas aquella noche,
que volteaste la mirada?

Eco de las reiteradas preguntas del salmista.

Desenlace valiente: desde las entrañas del poeta ruge el clamor ¡Vivifícame! Vuélveme a dar vida para guardar tu Palabra. Como predicadores, hemos de levantar la voz por aquellos sin voz; los desfallecidos. Sembrar la esperanza de su Palabra en el vacío de voz.

También Jesús vivió el desfallecimiento en su oración y desde allí declara: “levántense, llegó la hora”.

Resonancias

Tal vez no veamos cambio ni oigamos respuesta a nuestro clamor; quizás no veamos promesas cumplidas, pero insistimos por razones de quién es él y la verdad de su Palabra.

Y con el profeta-poeta cantamos:

Aunque la higuera no florezca,Ni en las vides haya fruto…Con todo yo me alegraré en JehováY me gozaré en el Dios de mi salvación

Y al igual que Jesús, sin recibir respuesta, decimos: “levantémonos”.

Acróstico luminoso

Salmo 119 :10 5 -112
Elogio a la luz que da a luz
Nun
Autor: Kevin Calderón

La Palabra no solo lleva el mercado a casa; es mucho más, da a luz gozo, en la oscuridad de la aflicción. Aflicción por el compromiso de costo. Jesús dijo: “Mi alma está muy triste hasta la muerte”(Mt 26:38).

Ministerio muy solitario; sin permiso para la aflicción, sin permiso de la congregación, denominación, familia. Médico sin cura.

Plegaria, súplica, imploración: vida por su Palabra. La única cura cuando nos sentimos “muertos en vida”. Catarsis del alma.

Artimañas: “al caído caerle”, aún dentro de la comunidad. Circulación del chisme, murmuración. Jesús es compañero difamado.

Recompensa: el trabajo arduo correspondido. “lo hemos dejado todo…” (Mt 19-27). Pero la mayor recompensa: la Palabra como herencia.

Alegría: el Señor transforma la aflicción en gozo. El gozo de cumplir su Palabra, acompañados de Jesús.

No me venderé al mejor postor

Salmo 119:105-112
Un llamado de auxilio, enmedio de la corrupción.
Nun
Autor: Rodolfo Polo

En medio de la cruda realidad de la corrupción, la Palabra de Dios, un farol que todo ilumina a su alrededor.

Historia de una región donde sin pudor se pasea la corrupción, donde no se salva ni la congregación.

Frente al pago del predial, el hermanito me dijo, ¡Pastor!, “sencillo, hay alguien que lo deja baratico, y nos exime de pagar impuestos en otra ocasión”. Claro está: si apoyamos el que diga … el patrón, y de paso, nos darán tamal y lechón y algunas tejas para la congregación”. ¡Pastor, esto es una bendición!, exclamaron los hermanitos, destilando corrupción.

Con amor afligido respondí: hermanos, no nos vendemos al mejor postor.

Época de elección: políticos ofreciendo su bendición; hermanitos indisponiéndome ante la congregación, molestos porque no accedía a su pecaminosa petición.

¿Cómo acceder con la Palabra de Dios atesorada en el corazón?

¿Usted, como líder o pastor, se vendería al mejor postor?

Enemigos me gané. Tildado de santurrón. Trampa maquinaban en su corazón. Triste y destrozado se hallaba el corazón.

¡Afligido y abrumado! Pero el Señor un compañero me dio: un poeta que se encontraba en igual situación.

El salmista, en toda ocasión de aflicción, peligros y enemigos, portaba la Palabra de Dios como farol para iluminación.

En la inmunda estoy, ¡líbrame Señor!

¿Qué hago, si aun colegas se venden al mejor postor? El mejor postor, casi que se ha vuelto su pastor.

¡Pero, no! No hipotecaré tu palabra al mejor postor. Te he jurado servir, en medio de la tentación.

Seguiré al que se encarnó y la tentación venció. Al que, con el poder de la Palabra, venció el poder del pan, el poder del poderío, el poder de la espectacularidad. A Jesús mi Señor, quien cuando quisieron hacerle rey, al mejor postor no se vendió, fiel permaneció y finalmente venció.

“Lámpara es a mis pies tu Palabra,y lumbrera a mi camino”

Ancla en el vaivén

Salmo 119 :113 -120
¿Es posible anclar la vida en medio de semejante vaivén?
Sámec
Autora: Jennifer Porras

Nuestras realidades se mueven aceleradamente. ¿Cabe entonces aspirar a un lugar estable y seguro? La estrofa citada, describe la experiencia del salmista como un vaivén. Vivamos su atemorizante movimiento y aferrémonos a su ancla.

Vaivén: el espejo de la experiencia (vv. 113-115 y 118-120). Quien ora, se mueve entre:

el amor y el temor,
la esperanza y el juicio,
el apartar y ser apartado.

El poeta ama al Señor en serio, pero descubre que ese amor incluye un profundo terror. Sabe que solo en las manos de Dios encuentra seguridad y protección, pero de repente descubre que las manos en las que se encuentra son manos tejidas:

de hierro y de seda,
acogen y desechan,
acarician y queman.

Se ve así mismo y sabe que su decisión de apartarse de los malos es buena; a su vez reconoce que la vida es como un campo en el que crecen el trigo y la cizaña. Granero y fuego. El horror del fuego y la hospitalidad del granero lo precipitan en busca de un ancla.

Ancla: “Sostenme para que viva”. ¡Sostenme para guardar tu palabra! No está seguro en sí mismo, en su ética, su “apartarse del mal” no es suficiente. Hay zozobra en su interior por lo que él mismo conoce de Dios. Su único asidero es: ¡sostenme! Cual niño aprendiendo a caminar. No se puede sostener por sí mismo. No llegaría a los brazos de su padre, sin antes caer estrepitosamente. Necesita de sus manos para lograrlo.

Así, el salmista clama por seguridad y protección; por los brazos de su Padre para sortear:

el vaivén de la vida,
el amar y el temer,
la salvación y el juicio,
rechazar o ser rechazado.

La vida es un péndulo. Muestra la complejidad de la realidad:

El amor y el temor.
La protección y la amenaza.
La salvación y el naufragio.
Aceptado o desechado.

En un país de
amores y desamores,
de seguridad y peligros,
de risas y llantos,

entonemos la súplica por un ancla: la esperanza de ser sostenidos. Cantemos el salmo de la des-vergüenza (v. 116):

Susténtame conforme a tu Palabra y viviré,
y no quede yo avergonzado
de mi esperanza

Aquí entre nos

Salmo 119:121-128
Ni idea que Dios trataría con mi dolor: Oración en pro de cerrar una herida
Ayín
Autora: Deyanira Vargas Avendaño

Señor, aquí entre nos,quiero mostrarteMi corazón sumido en la tristeza.

Que mi lamento halle un lugardonde anclar,aquí entre nos.

Tú sabes,tu sierva soy.

Tu Palabra sigo,la quiero entender.

¡Ay de mí,si caigo en manosde los que tienen el sartén por el mango! No lo permitas

Mis ojos se han secado,Muchas lágrimas derramadas;cuánta perturbación:en sus manos, “mi contrato”han agarrado

Haz justicia a tu sierva;a otro tribunal no voy.Enséñame tus leyes;abogada no soy.

Tu justicia espero, juez justo.Mi caso toma;déjame llorar en tu regazo.

Tu ley están violando, gran amor de mi vida.¡Haz algo, Señor!Aquí no pasa nada.

¿Se me movió firmeza alguna?
¿Se de-construyó la fe?
¿Qué templo se me derrumbó?
El piso me movieron.
¡Pero aquí estás tú!

Palabras, palabras, palabras;Mi cabeza invaden.Pero aquí, entre nos,tu Palabra acaricio,Más que cualquier otra voz.

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